Editorial

A propósito del Día del Trabajo

Si existen más y mejores oportunidades laborales, los colombianos progresarán más rápido.

01 de mayo 2017 , 03:25 a.m.

Han transcurrido más de 130 años desde cuando ocurrieron los hechos que dieron lugar a la creación del Día Internacional del Trabajo. Aunque las circunstancias son muy distintas a las de aquella época en la que se reivindicaba la jornada laboral de ocho horas diarias, no hay duda de que la efeméride es una oportunidad para reflexionar sobre un tema determinante para el bienestar de todas las sociedades.

Y es que los niveles de empleo y la calidad del mismo hacen la diferencia entre la prosperidad y el atraso. Sin desconocer la importancia de políticas públicas en favor de los sectores más vulnerables, la evidencia demuestra que entre más gente ocupada haya y mejores remuneraciones existan, un país tendrá más posibilidades de ofrecerles a sus ciudadanos un estándar de vida más alto.

Vale la pena tener en cuenta esa ecuación, cuando se le da una mirada a la realidad colombiana. Al respecto, se pueden observar luces y sombras, pues en cualquier evaluación objetiva se mezclan los logros con los temas pendientes.

Con respecto a los avances, es necesario señalar que la economía nacional ha mantenido su capacidad de generar vacantes a lo largo de los últimos años, gracias a las cuales el tamaño de la población trabajadora sigue en aumento. El dato del Dane correspondiente a marzo habla de casi 22 millones de personas ocupadas, el número más alto para ese mes desde que la entidad lleva estadísticas sobre el asunto.

A lo anterior se debe agregar que la informalidad viene disminuyendo en forma paulatina. Así, en el trimestre móvil terminado en febrero pasado, la proporción de ocupados informales en las 23 ciudades y áreas metropolitanas más grandes del país ascendió a 48 por ciento del total, cuatro puntos porcentuales y medio menos que en igual periodo del 2011.

Elementos como los señalados explican por qué la pobreza disminuyó significativamente en Colombia a lo largo del siglo, al tiempo que el tamaño de la clase media se duplicó. En la medida en que existan más y mejores oportunidades laborales, los colombianos progresarán más rápido. Es así de simple.

Debido a ello, es explicable la inquietud que surge ante la fuerte desaceleración de la economía que en el 2016 tuvo una expansión de apenas 2 por ciento y este año podría estar por debajo. Los ceños fruncidos son la constante en una gran cantidad del sector productivo cuyas contrataciones están en veremos.

Salir adelante exige varias cosas. El Gobierno necesita crear condiciones propicias para que la inversión productiva se haga presente, pues el sector privado es el responsable de más del 90 por ciento de las plazas disponibles. No solo se trata de adoptar medidas para que las actividades en problemas recuperen el ritmo perdido, sino que la legislación sea más flexible y que los costos de formalización laboral caigan.

A su vez, los sindicatos están obligados a pensar en el bienestar colectivo. Nuestra productividad es una fracción de la que se encuentra en las naciones desarrolladas, y hasta que no cerremos esa brecha será muy difícil dar un salto hacia adelante. Ojalá ese punto forme parte también de las consignas que se escucharán hoy, aparte de las demandas de siempre.

editorial@eltiempo.com.co

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