Editorial

70 años de Radio Sutatenza

No se ha celebrado lo justo a esta empresa cultural que transformó las vidas de los campesinos.

10 de octubre 2017 , 12:00 a.m.

No se ha dicho lo suficiente que el milagro de Radio Sutatenza está cumpliendo setenta años. No se ha celebrado lo justo una empresa cultural que transformó las vidas de los campesinos colombianos desde 1947 hasta 1994. Fue gracias a la católica Acción Cultural Popular (Acpo), que buscaba emparejar la vida rural con la urbana en términos de educación, como se echó a andar esa red de medios que hicieron tanto bien.

Se repitió: “la educación nos hace libres”. Y se dijo, una y otra vez: “vamos a hacerle la guerra a la ignorancia”, en los peores años de la violencia bipartidista, de la guerra contra el narcoterrorismo, de la lucha armada de las guerrillas y los paramilitares. Y Radio Sutatenza cumplió con “llevar el maestro a casa”.

Exposición sobre Radio Sutatenza

Radio Sutatenza logró llegar a 900 municipios.

Foto:

Claudia Rubio / EL TIEMPO

Fue el sacerdote José Joaquín Salcedo, de la parroquia de Sutatenza, en el valle de Tenza, en Boyacá, quien tuvo la idea de las escuelas radiofónicas que llegaron a formar a 25.000 campesinos durante cuatro décadas. Radio Sutatenza, la emisora, no hizo más que crecer desde el primer momento en un país en guerra, que además parecía atrapado en las lógicas –y en los temores– de la Guerra Fría. Se impartieron cursos fundamentales para la vida del campesinado, se distribuyeron millones de cartillas en 955 municipios del país, se transmitieron 1’489.935 horas de programas radiales durante más de cuarenta años. Y se dio una revolución cultural a espaldas de una clase dirigente que temía a todo lo que sonara a comunismo.

Radio Sutatenza se acabó en 1994 porque los tiempos cambiaron, porque su independencia de los políticos siempre fue difícil de llevar, porque su progresismo pisaba callos todo el tiempo. Pero, como lo prueba la magnífica exposición ‘Radio Sutatenza: una revolución cultural en el campo colombiano’, que aún se exhibe en la Biblioteca Luis Ángel Arango, supo y pudo dejar un legado que –en estos tiempos en los que la tecnología no parece tener límites y puede ser determinante– tendría que estudiarse en este país que hoy mismo pasa por una nueva oportunidad para renovar su respeto y su amor y su trabajo por el campo.

editorial@eltiempo.com

MÁS EDITORIALES

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA