Opinión

Ya era hora

Por todos lados se demuestra que las leyes contra la violencia contra la mujer no operan.

02 de diciembre 2017 , 12:00 a.m.

Esta vez, las jornadas por la eliminación de la violencia contra la mujer han alcanzado mayor eco.

En Estados Unidos, el #MeToo le puso rostro a la agresión sexual. A diferencia de las denuncias que no prosperaron durante la campaña de Trump, ahora han tenido que responder famosos del cine, la televisión, el periodismo, el sistema judicial, congresistas, presidentes. Más de 220 funcionarias o personas que estuvieron vinculadas a la Casa Blanca, defensa, seguridad y diplomacia han lanzado una carta como “sobrevivientes del acoso sexual, agresiones y abuso”, e indican que en el sector público o el privado sus denuncias son ignoradas o acarrean perjuicios profesionales, por lo que apoyan esta lucha.

Por todos lados se demuestra que las leyes contra esta violencia no operan. Está arraigada en la cultura patriarcal y machista. Y poco se hace para transformar las masculinidades violentas. La respuesta institucional es fragmentada y discontinua. Predomina la impunidad.

En lugar de concentrarse en el agresor, la justicia defiende su violencia como asunto privado o enajenación momentánea, mientras culpabiliza, silencia o avergüenza a las agredidas que se atreven a denunciar, arroja dudas sobre su conducta, les exige prueba de que no provocaron y que resistieron o desconoce sus derechos como víctimas.

En lugar de concentrarse en el agresor, la justicia defiende su violencia como asunto privado o enajenación momentánea, mientras culpabiliza, silencia o avergüenza a las agredidas.

Informes presentados con ocasión de estas jornadas internacionales, como el de ONU Mujer y el Pnud: ‘Del compromiso a la acción: políticas para erradicar la violencia contra las mujeres’, muestran que, para la mujer, Latinoamérica es la región más peligrosa del mundo. La violencia en su contra es el tipo de violación de derechos humanos más extendido y uno de los principales obstáculos para el desarrollo y la paz.

Colombia ocupa lugares alarmantes: en la región es el primero en ataques con ácido y el segundo en violencia contra las mujeres. La violencia sexual ha sido un engranaje más de la guerra. Así lo demuestra la investigación ‘La guerra inscrita en el cuerpo’, del Centro de Memoria Histórica, que recogió 15.076 casos entre 1958 y el 2016, advirtiendo que se denuncia poco.

Aunque la mayoría de responsables no están identificados, los paramilitares fueron señalados por 4.837 víctimas. Algunas, al ser entrevistadas para ese informe, muestran cómo estos grupos han usado la violencia sexual como método de terror y han sido depredadores de niñas y mujeres en zonas ocupadas o en disputa.

Farc o Eln son señalados por 4.722 casos. De mandos hacia abajo, hay quienes se adjudicaban “cuerpos-premio” de niñas y adolescentes reclutadas, decidían sobre abortos y esterilización forzada, usaban la violencia sexual para controlar y regular la vida cotidiana –en particular, la de quienes consideraban “desviadas” o no cumplían sus órdenes– y la extendían contra mujeres de sus zonas de influencia para presionar su vinculación o el pago de vacunas.

Miembros de seguridad del Estado aparecen en 206 denuncias, algunas de campesinas y exguerrilleras violadas.

Un actor armado reconoce más fácilmente un asesinato que un acto de violencia sexual. Por eso, para que no sean amenazadas de nuevo y para que la justicia concrete responsabilidades y reparaciones, resulta esencial acompañar a las víctimas en sus denuncias.

En apoyo a personas victimizadas por la guerra y por su género, se han multiplicado en Colombia marchas y campañas como #YoTambién, #ReconoceLasSeñales, #AlertaMachitroll, sentimosdiverso.org, Machos en rehabilitación, #NiUnaMenos, No Es Hora De Callar. Estas iniciativas hacen visibles el acoso y la violencia sexual, sea física o psicológica, recurra a instrumentos económicos y de poder o se produzca en la familia, la calle, el trabajo o en entornos digitales. Ya era hora de romper el silencio.

​SOCORRO RAMÍREZ

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