Opinión

Masoquismo y orgullo en Río de Janeiro

¿Por qué una ciudad tan llena de problemas, como Río de Janeiro, quiso ser sede de los Juegos Olímpicos y exponerse al riguroso escrutinio de la prensa nacional e internacional?

08 de agosto 2016 , 07:25 p.m.

Previo a la inauguración de los Juegos Olímpicos las autoridades de la ciudad sede advirtieron del “estado de calamidad pública” en el que se encontraba no solo la ciudad, sino el estado de Río de Janeiro. “La crisis que sufre el estado –declaró el gobernador de la entidad– es tan severa que puede ocasionar el colapso total de la seguridad pública, la salud, la educación, la movilidad y la gestión del medioambiente”. La deuda de este estado con el gobierno federal, bancos locales e instituciones internacionales sobrepasa los 30.000 millones de dólares.

Como era de esperarse, después de las incendiarias declaraciones del Gobernador vino el severo escrutinio de los medios de comunicación extranjeros investigando a fondo los problemas de una ciudad que me recuerda a 'La princesa en harapos', del poeta mexicano Jaime Torres Bodet describiendo la belleza venida a menos de Estambul.

A los reportajes sobre la crisis política que afecta al país desde hace meses se sumaron nuevas crónicas de las manifestaciones de protesta de los brasileños descontentos por el derrocamiento de la presidenta constitucional, Dilma Rousseff, en un golpe de estado político. La inseguridad ha sido también tema constante de cobertura periodística. Una nota de The New York Times reporta sobre las disputas territoriales entre traficantes de drogas en unos 20 vecindarios de la ciudad y señala que este año 43 policías han sido asesinados y 238 civiles han muerto a manos de la policía.

También se ha escrito sobre el crecimiento de la pobreza, el desempleo y la desigualdad. En Brasil, el 1 por ciento de la población controla el 20 por ciento del ingreso total del país y sigue siendo el país con mayor desigualdad económica en el hemisferio americano.

La corrupción y la impunidad son escandalosas y afectan tanto al sector público como al privado. La posible propagación del virus del zika también ha sido objeto de innumerables artículos, así como la polución en la bahía de Guanabara, donde tendrán lugar las pruebas de vela.

Así las cosas, uno se pregunta: ¿por qué una ciudad como Río, con tantos problemas, quiso ser sede de los Juegos Olímpicos? Por la creencia de que estos juegos le dan prestigio internacional a la ciudad sede. Sí y no. Depende del escrutinio periodístico de los problemas que la afectan. En el caso de Río, el beneficio es dudoso.

También se aduce que los Juegos crean una derrama económica que beneficia a la ciudad, pero la realidad es más complicada. Por regla general, las Olimpiadas terminan siendo bárbaramente costosas. Sídney, en el 2000, costó 4,7 miles de millones de dólares; Pekín, 42.000 millones. Londres y Los Ángeles las hicieron redituables, pero casi siempre termina siendo un gasto irrecuperable. Sobre todo, porque muchas de las construcciones hechas para los Juegos terminan abandonadas.

Otro problema grave es que la preparación y la construcción de las instalaciones olímpicas frecuentemente generan violaciones de los derechos humanos y represión policiaca. En Pekín se calcula que más de 1,5 millones de personas fueron desalojadas de sus viviendas por la fuerza. También en Río ha habido desalojos y demoliciones.

Y ¿qué piensan los brasileños de la celebración en su país? La respuesta la tendremos cuando terminen los Juegos. Yo creo que los problemas de la ciudad y del país son reales, graves y difíciles de resolver, pero me alienta el mensaje que recibí durante la impresionante ceremonia de inauguración.

Montada por el director de cine Fernando Meirelles, la ceremonia se elevó por encima de los problemas pasajeros para afirmar que rescatando sus valores históricos y culturales tradicionales Brasil es una gran nación capaz de recuperar su verdadera dimensión en el mundo.


Sergio Muñoz Bata

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