Opinión

‘Tierras de nadie’ y territorios de paz

Es lógico que los excombatientes quieran permanecer en antiguos territorios junto a sus comunidades.

23 de marzo 2017 , 02:25 p.m.

Han pasado 53 años desde que el teniente coronel José Joaquín Matallana saltó de un helicóptero sobre el caserío de Marquetalia. La operación Marquetalia estaba destinada a recuperar el control de las zonas ocupadas por diversos grupos de ‘bandoleros’, entre ellos la ‘cuadrilla’ de alias Tirofijo. A pesar de haber sido ampliamente reconocido que el conflicto armado comenzó varias décadas antes, esa operación tomaría un carácter simbólico, pues sería considerada el origen de las Farc y, para algunos, el inicio del conflicto armado en Colombia.

En ese entonces, Marquetalia se había convertido en el símbolo de las llamadas ‘repúblicas independientes’. Así lo había denunciado ante el Congreso Álvaro Gómez Hurtado al referirse a esos territorios, que, según él, se hallaban por fuera de la soberanía nacional.

El imaginario de las repúblicas independientes regresó con fuerza en una reciente carta firmada por 28 militares en retiro. En ella, los militares retirados le transmiten varias de sus preocupaciones al Presidente, en particular el interés de las Farc “de crear a toda costa zonas permanentes y no de carácter transitorio en los sitios acordados, para conformar peligrosos asentamientos con grupos no desmovilizados y comunidades afectas, que, potencialmente y hacia el futuro inmediato, se constituirían en graves amenazas y factor de perturbación, tal como aconteció en el pasado con las repúblicas independientes, que tanto daño causaron a la integridad territorial de la nación”.

Sin embargo, la polémica no es nueva. La periferia, los lugares marginados, la ‘otra’ Colombia, las ‘tierras de nadie’ han escapado, primero, del control de la Colonia y, hasta ahora, del control del Estado. Territorios que había que integrar a la nación o recuperar si ya habían sido habitados. Y ante la ausencia del Estado, la presencia de otros actores, en este caso de las Farc.

Vale la pena recordar la propuesta en materia de reincorporación: los ‘Terrepaz’

Ahora que los guerrilleros se encuentran en las 26 zonas veredales –sin duda, uno de los hechos más importantes de la historia contemporánea colombiana–, vale la pena recordar su propuesta en materia de reincorporación: los ‘Terrepaz’. Más importante aún después de la reciente carta de Jean Arnault, jefe de la Misión de la ONU en Colombia, y la respuesta de la Canciller y del Alto Comisionado, una discusión que ha puesto en evidencia las tensiones latentes y las diferentes interpretaciones en torno a la implementación del acuerdo de paz, en particular en lo que se refiere al proceso de reincorporación.

La tensión más evidente se refleja en la creencia de que la dejación de armas y la reincorporación de las Farc son discusiones independientes. Sin embargo, en La Habana fueron discutidas de manera simultánea, ya que así había quedado establecido en la agenda; y así quedó plasmado en el acuerdo sobre cese del fuego. En el punto 3.1.4, Adaptación de los dispositivos en el terreno y Zonas, se lee: “Para efectos del cumplimiento del Acuerdo sobre CFHBD [Cese del Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo] y DA [Dejación de las Armas], así como para adelantar los preparativos para el proceso de reincorporación económica, política y social de las Farc a la vida civil de acuerdo con sus intereses, tal como dice el subpunto 2 del punto 3 del Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, el Gobierno Nacional y las Farc acuerdan establecer 20 Zonas Veredales Transitorias de Normalización (ZVTN) y 7 Puntos Transitorios de Normalización (PTN)”.

Por lo anterior, en su carta, Jean Arnault, además de aclarar una serie de temas relacionados con los protocolos y reglas del cese del fuego y con el proceso de dejación de armas, también considera importante aclarar las preocupaciones de las Farc en esas zonas en relación con su seguridad jurídica, socioeconómica y física. Añade además que dichas preocupaciones “reflejan perfectamente la experiencia internacional de procesos similares”.

Ante dicha petición, el Gobierno afirmó que “[en] ninguna parte del Acuerdo el proceso de dejación de armas está sujeto al estado de los campamentos [de las Zonas Veredales]”. Aunque es parcialmente verdadera, tal afirmación olvida que si el acuerdo de cese del fuego está diseñado para llevar a cabo la dejación de las armas, lo está también para “adelantar los preparativos para el proceso de reincorporación económica, política y social de las Farc a la vida civil de acuerdo con sus intereses” y, en ese sentido, es obvio que los campamentos deberían estar ya totalmente listos, pues la demora dificulta adelantar dichos preparativos.

Por eso nos parece importante recordar la propuesta de las Farc lanzada hace más de un año, la cual, en su momento, no fue recibida con buenos ojos. El mismo general (r) Jorge Enrique Mora Rangel se refirió a ella en los siguientes términos: “No estamos en este proceso para dividir el país ni para hacer entrega de territorios ingobernables (...). Nunca hemos pensado en una Colombia fragmentada, no hace parte de nuestro imaginario (...). Los famosos Terrepaz hacen parte únicamente del imaginario de las Farc”.

Y es que los Terrepaz, lejos de dividir el país, reflejan las particularidades de la confrontación armada colombiana y de la que fuera la guerrilla más antigua de América Latina, particularidades que deberían reflejarse en el proceso de reincorporación.

La mayoría de los colombianos en las grandes ciudades nunca supimos que había un conflicto que llegó a extenderse a 25 de los 32 departamentos que tiene Colombia. Las llamadas ‘zonas rojas’ se instalaron en nuestro imaginario como lugares peligrosos e inhóspitos. Sin embargo, allí, además de la guerra, sucedieron múltiples hechos sociales. Por eso, creer que en más de 60 años la guerrilla no haya creado vínculos con las poblaciones vecinas, ya sea afectivos o instrumentales, es negar una realidad palpitante.

Es entonces lógico que los excombatientes, ya sin armas, quieran permanecer en esos territorios junto a sus comunidades; que aspiren a crear una organización de economía solidaria a la cual puedan afiliarse libremente, y que los proyectos productivos sean creados de acuerdo con las necesidades e intereses de los excombatientes y los habitantes de la región. Negar esa realidad es simplemente negar la posibilidad y necesidad de una paz estable y duradera.

SARA TUFANO
*Nacida en Italia. Socióloga de la Universidad de París 7, con una Maestría en Sociología de la Universidad de São Paulo. Especialista en el estudio del conflicto armado colombiano y de los procesos de paz desde una perspectiva histórica.

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