Opinión

Haciendo trizas los extremos

Es a partir del rechazo al Acuerdo de Paz que el uribismo ha sabido movilizar al 'pueblo'.

24 de mayo 2017 , 12:00 a.m.

Con la elección de Emmanuel Macron en Francia, “asistimos al nacimiento de una nueva generación política”, es lo que afirma el periodista francés Alain Duhamel. Y agrega: “sería el primer gobierno de centro derecha desde la elección de Valéry Giscard d’Estaing en 1974”, llamándolo incluso de “giscardismo de izquierda”.

¿Pero cómo consiguió Macron llegar al Eliseo? Desafiando el sistema político tradicional francés, Macron logró crear un movimiento de centro, atrayendo tanto a simpatizantes de derecha como de izquierda. Un movimiento político “transpartisano”, más allá de los partidos imperantes –el Partido Socialista y los conservadores Republicanos–, claramente desprestigiados. Desde su creación, el 6 de abril de 2016, en Amiens, en el norte de Francia, el movimiento ha conseguido más de 240.000 miembros.

Renovación y moralización de la vida pública y de la clase política: con estas ideas como eje principal de su programa, Macron supo construir un muro de contención contra el populismo de derecha representado por el Frente Nacional. Un partido que históricamente ha tomado como principal bandera la cuestión migratoria.

Considerado un país de acogida para los extranjeros, la crisis económica de los años 70 obligó al Estado francés a reexaminar su política migratoria. En 1974 el gobierno suspendió la inmigración de los trabajadores y de las familias que no pertenecían a la Comunidad Europea. En 1977 se instalaron mecanismos de ayuda al retorno de una parte de la mano de obra extranjera. Es durante esta década que surge la constatación de que la inmigración laboral había dejado de ser temporal para convertirse en duradera. Los extranjeros habían llegado para quedarse; muchos de ellos habían ya echado raíces.

Así, la integración de los extranjeros en Francia ha sido un tema clave en todos los debates políticos. Esta la razón por la que la extrema derecha de ese país ha sabido manipularlo: los valores de las comunidades islámicas, “ellos”, serían incompatibles con los valores de “nosotros”, los franceses auténticos.

Los populismos europeos y norteamericanos cabalgan sobre estas divisiones: “ellos”, los inmigrantes, y “nosotros”, los de pura cepa. Populismo sin duda. Pero, ¿qué es el populismo? Existen múltiples definiciones pero éste debe ser entendido como el proceso de creación de un “nosotros”, el pueblo, frente a un “ellos” externo, en general negativo, que se constituye en enemigo del pueblo. Los partidos políticos dejan de integrar a la ciudadanía y se establece una relación directa entre un líder carismático y el pueblo. El populismo es persuasivo, recurre a la posverdad y actúa como elemento supuestamente orientador en períodos de incertidumbre, cuando el sistema político es incapaz de dar soluciones y los partidos políticos están cada vez más desprestigiados.

El movimiento de Macron aprovechó este desprestigio y se alejó de esta división política entre izquierda y derecha, entre “ellos” y “nosotros”. Habrá que ver si a pesar de la más alta abstención desde 1969 (25,4%) y el elevado voto en blanco y nulo –que suman un tercio del electorado–, Macron logrará obtener mayoría en el Congreso, renovar la política francesa y frenar el avance del populismo. Por el momento ha actuado hábilmente produciendo un realineamiento de los partidos políticos tradicionales –realineamiento criticado tanto por sectores de derecha como de izquierda–, y creando divisiones al interior de los mismos. Los resultados de las elecciones legislativas del próximo 11 de junio, así como las reformas de su gobierno –consideradas ya como neoliberales por la izquierda radical–, indicarán claramente el sentido de esta renovación.

En el caso colombiano, el discurso populista movilizado por el uribismo ha creado una noción de “pueblo” opuesto a “ellos”: los “simpatizantes del castrochavismo”. Esa es la gran línea divisoria. Si bien otras consignas, como la lucha contra la corrupción, primarán en las campañas electorales venideras, el gran divisor será el rechazo o la defensa del Acuerdo de Paz, y eso porque es a partir del rechazo a éste que el uribismo ha sabido movilizar al “pueblo”. Claramente contrarrestar esta arremetida implicará tener la capacidad de saberse mover por todo el espectro político y salir del ghetto en el cual más de un político se ha confinado. Un poco como lo supo hacer Macron.

SARA TUFANO

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