Opinión

Desmacondizar a Colombia

La verificación internacional del acuerdo transmite un mensaje: dota al proceso de legitimidad.

08 de mayo 2017 , 03:23 a.m.

“Es como si el tiempo diera vuelta en redondo y hubiéramos vuelto al principio”. Romper con este patrón circular descrito por Úrsula Iguarán hace ya 50 años, es el desafío en la implementación del acuerdo de paz. Acabar con la circularidad de la violencia, evitar que Colombia se siga destruyendo a sí misma, tal como ocurrió con la familia Buendía en ‘Cien años de soledad’.

La alusión a la obra de García Márquez no es retórica, pues se trata de una de las más brillantes y radicales críticas a la cultura del Caribe colombiano. Surge en un momento de grandes cambios, en el marco de las movilizaciones campesinas más importantes del siglo XX, por la reforma agraria y la modernización de las relaciones sociales, contra las cuales un sector conservador de la sociedad colombiana respondió con inusitada violencia.

Así, como en ese entonces, las incertidumbres de la modernidad eran caldo de cultivo para que ciertos sectores difundieran el miedo al cambio y optaran por la represión política, hoy también algunos de ellos, a través de mentiras y de ese mismo miedo, nos hacen creer que estamos ante un proceso cuyo desenlace solo puede ser apocalíptico. Y es que el retraso en la implementación ha contribuido en efecto a reforzar esta visión. Hay retrasos en muchos aspectos del acuerdo, como bien lo mostró el senador Armando Benedetti en un reciente debate en el Congreso: las zonas veredales siguen en obra negra, han sido aprobadas pocas amnistías e indultos, se ha implementado tan solo un 7 por ciento del acuerdo.

Es por esto que la verificación internacional del acuerdo tiene una gran importancia. Una de las grandes limitaciones en el análisis de los procesos de paz es que se piensa que la verificación es un asunto meramente procedimental, cuando todos los aspectos de un proceso son esencialmente políticos. Considerar la verificación como un simple procedimiento es desconocer que ella tiene consecuencias políticas. Además de garantizar la implementación de lo acordado, transmite también un mensaje político contundente: dota al proceso de legitimidad.

Así debe ser interpretada la histórica visita a nuestro país de los miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, entre los días 3 y 5 de mayo. Los embajadores de los 15 miembros del Consejo conocieron de primera mano los avances y retrocesos de la implementación. Esta visita fue la antesala para la preparación de la Misión Política de las Naciones Unidas que, según el punto 6.3.3 del acuerdo, debería entrar a funcionar una vez concluya el mandato de la Misión de Verificación del cese del fuego y de hostilidades bilateral y definitivo. La Misión Política se encargará de verificar la implementación de lo pactado en materia de reincorporación y garantías de seguridad. Como ha sido demostrado, estos son aspectos críticos, pues ya han sido asesinados un guerrillero indultado y un miliciano, y varios familiares de miembros de las Farc.

El proceso de reincorporación, como ya es de conocimiento público, comenzó cuando los guerrilleros se desplazaron a las zonas veredales. El retraso en la construcción de estas zonas ha afectado considerablemente este proceso. En cuanto a las garantías de seguridad, es necesario que las diferentes medidas contempladas en el acuerdo se pongan en marcha.

Sin duda, las experiencias nacionales en la materia –desde la Comisión Nacional de Verificación creada el 30 de mayo de 1984 para verificar el cumplimiento de los acuerdos de La Uribe–, contribuirán a que el mandato de la Misión Política sea exhaustivo. Será fundamental establecer claridades con respecto a sus competencias y atribuciones. ¿A quiénes se les presentarán los informes? Contrariamente a lo que algunos estudios afirman, es muy importante que la ciudadanía se entere de los avances del proceso, sobre todo en una sociedad tan polarizada como la nuestra, donde la oposición es especialista en convertir la falta de información en desinformación. Habrá que reforzar las herramientas de difusión establecidas en el punto 6.5 del acuerdo para garantizar la proyección pública y el debate de los informes. Otro aspecto será el componente local de esa Misión. ¿Cómo estará conformado? ¿Será garantía de información objetiva?

La visita del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es también una demostración de que el proceso de paz cuenta con el innegable apoyo de la comunidad internacional. Es desparroquializar la implementación. Los miembros del Consejo no vendrían si el acuerdo de paz colombiano no fuera, en estos tiempos inciertos, un ejemplo para otros procesos de paz en el mundo. Sin duda lo han tomado como uno de sus éxitos más significativos.

SARA TUFANO

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