Opinión

Palmira audiovisual

Treinta años después vuelvo a esta ciudad con una tarea todavía más agradable.

04 de mayo 2017 , 11:51 p.m.

Cuando el muchas veces premiado director artístico de la Misión, Stuart Craig, me preguntó si había posibilidad de construir unos coches de caballos antiguos, unas carrozas para la escena de la llegada de Robert de Niro a la ciudad con los prisioneros indios, enseguida pensé en Palmira y se me ocurrió consultar a mis amigos de Caliwood, pero recordé el oso monumental que hicieron cuando bloquearon al productor del maestro Werner Herzog, su hermano Lucky Stipetic, en el aeropuerto de Palma Seca, con DAS incluido. Todo porque pensaron que el Maestro que ellos amaron y que yo llevé a casa de mi amigo Poncho Ospina se les iba a escapar sin pagarles los pesitos que se les debían. Y, además, casi lo hacen meter preso, pues el DAS le encontró una buena suma de dólares, que eran lo que se le debía a la troupe completa. Creo que Sandro Romero tiene una versión más divertida de esta gaffe de premio Óscar.

Alguien más me habló de las victorias palmireñas y, como sucede siempre en el cine, “dicho y hecho”: el 6 de junio de 1986 llegué a Palmira al tiempo con el circo ruidoso y policromo de la espléndida Vuelta a Colombia, etapa Palmira-Buga. Encontré al constructor de las más bellas victorias, tomé muchas fotos y gocé un día en una ciudad amable con pocos automóviles y muchas carrozas blancas.

Hoy, 30 años después, me toca volver con una tarea todavía más agradable. Mi nuevo mejor amigo, Andrés Morales, director de fotografía y cinéfilo a rabiar, me ha invitado a participar en un conversatorio para la inauguración de la Escuela audiovisual Villa de las Palmas, que incluye Foro Visual Laboratorio, Conversatorio, Taller de Realización de Videoclips, Cicla Cine Urbana Arte, y todo lo audiovisual, que no solo incluye el cine, el teatro, la radio, la televisión y se puede aplicar a la publicidad, a la política, a la venta de productos. Cualquier individuo para relacionarse con otros necesita tener un mínimo conocimiento del audiovisual.

Y recordar siempre que el cine es el más grande patrocinador de la convivencia pacífica, donde centenares de personas que no se conocen se reúnen, codo a codo, en la oscuridad, respiran por dos horas el mismo aire, sin un dime ni un direte, en la coexistencia más pacífica, ejemplo de buena vida y sin intolerancia.

SALVO BASILE

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