Opinión

Defender a Cartagena

La corrupción está dejando a la ciudad en los primeros lugares en las estadísticas sobre pobreza.

28 de julio 2017 , 12:00 a.m.

Cuando mi amigo Poncho se sale de su bendita peluquería y de la antipaticona de la Maricarmen, casi siempre vuelve su mirada hacia Cartagena, ciudad a la que quiere y busca defender junto con todos los cartageneros de bien, que son muchos; defenderla, sobre todo, de los embates de la corrupción que está carcomiendo nuestra sociedad y dejando a Cartagena en los primeros lugares en las estadísticas sobre pobreza. Y sí que la ciudad la visitan millones de colombianos y turistas extranjeros que gastan en dólares, que año tras año llegan a la Heroica en avión, en buses y en barcos de cruceros, que han hecho de nuestra ciudad uno de los sitios preferidos para el desembarque de casi todas las navieras que surcan el Caribe.

Este es un fenómeno casi espontáneo porque el centro histórico es único, y no por el esfuerzo de las autoridades turísticas, las cuales se limitan a viajar por el mundo a cuanta feria hay, llevando bailarines y tambores, sin haber hecho una campaña de concientización del cartagenero de a pie, especialmente del ejército de vendedores ambulantes, que a veces son más que los turistas, y de los mismos habitantes del centro.

Y la industria de Mamonal, que da trabajo a miles; los astilleros, famosos en todo el Caribe, y, para colmo de males, Reficar: un proyecto con unos sobrecostos billonarios que ya está siendo investigado por la Fiscalía, y ya hay nombres de alcurnia en riesgo de ir a la cárcel; contratos chimbos que les hacían firmar a unos veedores que no quisieron ver el desfalco tan descomunal o, mejor, fueron cómplices.

Otro punto negro son las pandillas de jóvenes desocupados que, al no recibir alguna alternativa de ocupación del Estado, el cual ha olvidado todos esos barrios de invasión, buscan una identidad malsana y se vuelven delincuentes, liándose en unas batallas campales que ya han causado muertes de ciudadanos inocentes. La autoridad usa la fuerza, sin entender que la prevención es la solución, pues violencia produce más violencia. El Festival de Cine de Cartagena ha demostrado que, en 10 años de proyectar cine en los lugares más olvidados, ha sentado hasta a los pandilleros a comer crispeta y ver una buena película.

SALVO BASILE

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