Opinión

Capitalismo, hambre y desperdicio

Más de 800 millones de terrícolas están sufriendo los mordiscos inclementes del hambre.

12 de enero 2018 , 12:00 a.m.

Cuando decidí que mi propósito del nuevo año 2018 sería participar como voluntario del Banco de Alimentos de la Arquidiócesis de Cartagena en la lucha contra el hambre, comencé a documentarme, y los números de las organizaciones internacionales y las estadísticas son vergonzosos.

Es la debacle del capitalismo: el hambre en África, Asia, Oceanía, Suramérica. Más de 800 millones de terrícolas están sufriendo los mordiscos inclementes del hambre, es decir que uno de cada nueve habitantes del planeta se acuesta con el estómago vacío, cada año mueren 3 millones de niños, cada 7 segundos muere un niño por desnutrición. Pero, al mismo tiempo, estamos desperdiciando el 30 por ciento de los alimentos. Son 9,6 millones de toneladas que se pierden en las etapas de producción, pos cosecha, almacenamiento y procesamiento industrial.

En Colombia se pierden, entre lo que se bota en las fincas, según Planeación, 10.335 toneladas anuales de productos lácteos, y otras 17.873 son el desperdicio en supermercados y hogares.

En Colombia se pierden, entre lo que se bota en las fincas, según Planeación, 10.335 toneladas anuales de productos lácteos, y otras 17.873 son el desperdicio en supermercados y hogares. Esta es otra de las luchas perdidas del capitalismo. Y ya sé que cada vez que criticamos el capitalismo, siempre hay alguien que te increpa: “¿Y qué quieres tú, el socialismo?”. No, quiero que mi vecino no se muera de hambre, quiero que el mundo no se divida entre los que se mueren de inopia y los que comen demasiado y se mueren de obesidad, que todos nos responsabilicemos por esta tragedia global. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), estamos criando una generación de millones de niños mal alimentados, con limitadas capacidades cognitivas y de desarrollo físico.

Además de la muerte, la malnutrición crónica debilita la visión, retrasa el crecimiento, baja la capacidad de concentración y de trabajo; las personas desnutridas ni siquiera pueden mantener las funciones básicas de vida. Cuando los wayús acusan al Gobierno de abandonarlos a merced de la sed y el hambre deberían mirar más cerca. La Guajira ha recibido por regalías en los últimos años la friolera de 3.000 millones de dólares, 785.000 al año. Y últimamente el contralor, don Edgardo Maya, ha descubierto la desaparición de cuentas por más de 800.000 millones. La corrupción, estúpidos. Dónde más vas a buscar las causas del hambre en un país como Colombia, que podría volverse la despensa de América.

SALVO BASILE

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