Opinión

Comunicación política: ¿dónde está la bolita?

El candidato debe transmitir con carácter que le duele y le interesa el país.

23 de enero 2018 , 12:00 a.m.

El año 2018 tiene grandes retos para el país en el campo de decisiones políticas enmarcadas en una coyuntura histórica. Los candidatos a las diferentes elecciones que tienen lugar en el primer semestre deben estar estudiando cuidadosamente la definición de la estrategia de una comunicación única que marque la diferencia, elaboración del mensaje e innovación para cautivar a un público votante, asfixiado con altos niveles de escepticismo y, por qué no, decepcionado de la clase política en general, a la que ya no le cree y de la cual ha sido víctima del engaño. 

Por eso, muchas veces poco le interesa el voto y lo vende sin vergüenza al mejor postor (llámese fiesta comunitaria, tamal, empanada, promesas laborales, etc.) sin importar que un porcentaje importante de ellos se ha visto afectado por escándalos de corrupción, entre otros.

En cuanto al tema de la comunicación, el candidato ganador debe ser aquel que no se fatigue y desgaste hablando mal de los demás candidatos y se concentre en el discurso de su campaña, además de tener: la disposición, la frente abierta, la capacidad de mirar a los ojos y la asesoría de un grupo de expertos que le construyan conjuntamente un mensaje sencillo, sincero, directo, real, con herramientas naturales de innovación y que maneje pasiones.

Pero lo anterior no será suficiente, hay que agregarle prioritariamente la estrategia de mensajes Llenos de ética, responsables, educativos pero siempre creativos, tanto en redes como en plataformas digitales, las primeras que hoy se encuentran inundadas de información contaminada al garete, en la cual abunda el rencor, el odio, la mentira, el mensaje sucio, la trampa y la práctica de una insignificante mesura, pero que significan hoy en día un canal con una corriente de gran influencia para el resultado del voto final; si no, pregúntenles a los expertos de la campaña de Barack Obama en el 2008; una vez elegido el presidente número 44 de Estados Unidos, fue definido por el ‘Washington Post’ como el rey de las redes sociales, ya que realizó algo aparentemente muy sencillo, pero en su momento genial y estratégico, al crear un perfil para cada estado y utilizar, entre otras redes sociales, Facebook y Twitter para amplificar sus mensajes, al igual que el canal de YouTube para difundir en multimedia.

En cuanto al tema de la comunicación, el candidato ganador debe ser aquel que no se fatigue y desgaste hablando mal de los demás candidatos y se concentre en el discurso de su campaña.

Otro grande de la opinión, ‘New York Times, afirmó sobre el fenómeno Obama digital: Los contenidos que él subió a internet se reprodujeron más de 14,5 millones de veces, que en el 2008 siempre fueron gratis y que esa misma inversión en televisión le hubiera costado 47 millones de dólares. Otra experiencia más reciente, de la capacidad de los medios digitales, es el referéndum de junio de 2016 para que el Reino Unido abandonara la Unión Europea. Y algo más cercano, que toca nuestras venas, el No ganador contra todos los pronósticos, para la aprobación del proceso de paz con las Farc en Colombia.

Entonces, señores candidatos, ¿dónde está la bolita? ¿Amarrarse a las encuestas que en el mundo digital de hoy han fracasado rotundamente en medir la atmósfera que se respira en redes sociales para encontrar y diagnosticar tendencias o preferencias?

Aferrarse a maquinarias, el camino relativamente fácil, como única opción esperanzadora y de las que cierto sector de los ciudadanos conscientes ya no come cuento porque se ha sentido utilizado y manoseado. Centrar el discurso en las Farc, el proceso de paz y desconocer el bolsillo, la generación de oportunidades, la educación, la salud, la lucha por la desigualdad, factores que mortifican el día a día, y desconociendo muchas veces a la juventud que tiene en su mente un país diferente para los colombianos.

Ahora bien, debe ser una constante la humanización del mensaje; vale mucho lo que el aspirante articule en su actitud, expresión personal y corporal, en su cara a cara en actos directos masivos o no, programados en agenda de campaña. Para expertos, hoy en día se debe llevar una preparación del candidato que defina su imagen integral, la cual garantice el impacto y alta recordación no solo de su posición en los números del tarjetón sino de lo que son o por lo menos lo que transmiten. No obstante estas guías, para muchos libreteadas, ante todo es clave ser auténtico.

Es una realidad, al gran porcentaje del político colombiano hoy candidato hay que vestirlo para quitarle el disfraz de delfín, oportunista, corrupto, bravucón, agresivo, guerrerista, camaleón de corrientes políticas, polarizador de la opinión y vendedor de ilusiones. No es tarea fácil, debe poner de su parte, debe transmitir con carácter que le duele y le interesa el país, identificarse con el ciudadano de a pie y llenarse de verdades y metas alcanzables en su propuesta de campaña y, por qué no, mágicamente manejar lo que para muchos debe ser absurdo en una campaña presidencial, pero que en el lenguaje universal de la comunicación causa un excelente efecto y es la postura siempre positiva, la sonrisa que acompañe un futuro de esperanza, que bien administrados revierte con creces y puede marcar las diferencias en una nación tristemente enmarcada hoy por la comunicación visceral del odio, el rencor y la intolerancia.

RODRIGO BELTRÁN
* Presidente Bells Medios Ltda. Estratega en comunicaciones.

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