Opinión

No hubo soborno, es pura calumnia

La experiencia me dice que no hubo sobornos, ni marrullas ni regalos de la poderosa Odebrecht.

14 de marzo 2017 , 09:00 p.m.

Tengo una escalofriante revelación sobre las multimillonarias platas de Odebrecht. Lo denunciado por el periodismo es un novelón, es ciencia ficción; nunca hubo sobornos. Findeter y Reficar son intachables, Luis Arboleda y Roberto Prieto actuaron como nobles filántropos, desprendidos del dinero. Si Prieto tenía contratos publicitarios, es por ser esa su profesión. Y Zuluaga, su hijo e Iván Duque no conocen Brasil. Todo fue pulcro como las aguas cristalinas que bañan la Ruta del Sol.

Llevo muchos años de columnista en EL TIEMPO, y no “me acabo de enterar”, como es la frase de moda, sino que la experiencia me dice que allí no hubo sobornos, ni marrullas ni regalos de la poderosa Odebrecht a la tesorería política del publicista Roberto Prieto. La gran verdad es que esa familia brasilera mandó un millón y medio de dólares no para gastarlos en la lucha electoral colombiana, sino para un gasto ecológico en el Chocó. Enviaron esa plata para que en Quibdó les compraran una casa-finca y allí sembrar pistacho iraní y trigo canadiense. Otra cosa es que el supersónico tesorero de la campaña nombrara a sus amigos de Manizales en cargos del poder. El amiguismo burocrático funciona.

La gran verdad es que esa familia brasilera mandó un millón y medio de dólares no para gastarlos en la lucha electoral colombiana, sino para un gasto ecológico en el Chocó.

Ese millón y medio de dólares fue monetizado, como quería la constructora brasilera y así poseer su paraíso ecológico chocoano. Nunca hubo sobornos, ni coimas, ni afiches ni maletines; todo ha sido intachable, como todos los negocios de los filántropos Odebrecht en Colombia y 17 países.

¡Esa es la verdad y toda la verdad! Si me pifié, renuncio a esta columna, que obtuve hace 30 años por invitación de don Hernando Santos Castillo, director de EL TIEMPO, que leía mis frivolidades en una revista y le gustó el tono. Calculé que duraría poco, y llevo 1.545 columnas, y escribir es muy difícil. Solo he tenido la ayuda de mi pareja, Lulita Arango, que me exige poca vanidad y nunca, a nadie, tirarle navajazos de linchamiento.

Hoy, el escándalo se desinfla; todo fue intachable, transparente y pulcro. Que así sea, para que esa querida familia se instale a vivir en el Chocó. Ellos esperan que don Roberto Prieto los visite, lo atenderán con chocolate manizalita, almojábanas y chorizos de Villamaría. Enhorabuena, aplaudamos a los Odebrecht, que son gentes buenas, víctimas de calumnias y maltratos por el diablo de la oposición.

PONCHO RENTERÍA

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