Opinión

El suegro feliz de Iván Duque

Soy veterano en años y en tener amargas frustraciones políticas, esperaré 180 días para felicitarlo.

20 de junio 2018 , 12:00 a.m.

Tener un yerno recto y juicioso que llegue a ser presidente gusta mucho, porque hoy abundan los yernos regulares, los regularcitos y los de regalar. Al suegro del ganador, don L. F. Ruiz, lo vimos el domingo en la televisión gozando su chorro de popularidad, muy pegadito al yerno; parecía futbolista japonés acosando a James y Falcao. Mi amiga Catalina, asombrada por tanta presencia televisiva del suegro presidencial, le mandó decir que se distancie porque ya despertó celos dentro del uribismo y entre las 187 aspirantes a chanfaina, ministerio o diplomacia. Título de la telenovela: ‘El suegro en su noche feliz’.

En cambio, hoy tenemos a un suegro en desgracia, un suegro de sangre azul, don Juan Carlos de Borbón, sufriendo la vergüenza de ver a su yerno Iñaki Urdangarin, esposo de su hija Cristina, entrando a una cárcel por estafarles millonadas a los pagaimpuestos. El carcelazo a Urdangarin produjo júbilo en las peluquerías madrileñas, y ellas lo contaron: “Ese guache resultó un ordinario pillo, merece años de calabozo; el ser yerno de un rey Borbón lo obligaba a ser decente, y actuó como un bandido”. Punto.

Aleluya, terminó la fatigante campaña, ganó el acuerdo pacifista con las Farc porque esa guerrilla esta vez no dinamitó puentes, ni carreteras ni asaltó a policías inocentes. Se les abona esa conducta, ojalá sea permanente. Ganó Iván Duque, el delfín del expresidente Uribe; ganó “el que dijo Uribe” o “el títere de Uribe”, como lo llaman las voces del antiuribismo radical. Como soy veterano en años y en tener amargas frustraciones políticas, esperaré 180 días para felicitarlo por lo que haya hecho bien. El petrismo, con 8 millones de votos, podría subir a Petro o Fajardo dentro de cuatro años al poder.

Ayer, en la peluquería señorera, una abogada dijo: “Duque habla bonito y de corrido, pero si no meten a la cárcel a los que nos robaron miles de millones en conocidos atracos, vendrá el desencanto total”. Aplaudí esa exigencia y les canté el trino de Margarita Vélez, una manzanita protestona que me escribió: “Ojalá el elegido Iván Duque rebaje su afición por las parrandas vallenatas, está demostrado que presidente que viaja mucho a Patillal y Valledupar pasa muy rico, pero trabaja poco”. Y mi pareja, Lulita Arango, ayudó: “La salud hoy amenaza ruinas; a gobernar, a cumplir lo prometido y que Poncho Zuleta cante sus vallenatos”.

PONCHO RENTERÍA

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