Opinión

¿Nos espera lo mejor... o lo peor?

La inseguridad en poblados y ciudades pinta el atroz panorama que vive Colombia.

13 de abril 2018 , 12:00 a.m.

Era lo que faltaba. Después de los innumerables escándalos de corrupción que salpicaron hasta a jueces y magistrados, ahora descubrimos, gracias a los embajadores de Noruega, Suecia y Suiza, posibles irregularidades del dinero otorgado a Colombia para facilitar el posconflicto. 

Por su parte, nuestro honorable fiscal, Néstor Humberto Martínez, adelanta una investigación sobre el tema que rompió la tranquilidad del propio presidente Santos. La detención del excomandante guerrillero ‘Jesús Santrich’, pedido en extradición por Estados Unidos, arroja una inquietante sombra sobre el acuerdo de paz. En efecto, la Fiscalía tiene pruebas de que ‘Santrich’ negociaba el envío a Estados Unidos de 10 toneladas de cocaína desde finales del año pasado, delito que no está exonerado por ser cometido después de la firma de tales acuerdos. 

Surgen, pues, varios interrogantes alrededor de esta grave situación: ¿Estarán los demás líderes y congresistas de las Farc delinquiendo al igual que ‘Santrich’?; ¿no tenía idea ‘Iván Márquez’ de que su sobrino Marlon Marín está involucrado en estos negocios?; ¿para qué necesita el partido político Farc 15 millones de dólares?; ¿son las llamadas disidencias el brazo armado del partido político Farc por estar bajo sus órdenes?

Al mismo tiempo, la renuncia del secretario ejecutivo de la JEP y las declaraciones de doña Gloria Ospina, directora del Fondo Colombia en Paz, demuestran otro acto impugnable en el manejo de los recursos que les fueron asignados.

Las regiones que antes controlaban las Farc hoy sirven de escenario para sus disidentes, como también para el Eln, el Epl, el ‘clan del Golfo’ y otras organizaciones criminales.

La impresión que tienen hoy la mayoría de los colombianos es que la paz arreglada por el Gobierno es un mito. Las regiones que antes controlaban las Farc hoy sirven de escenario para sus disidentes, como también para el Eln, el Epl, el ‘clan del Golfo’ y otras organizaciones criminales. El punto de atracción de su lucha es el narcotráfico y sus millonarios recaudos en dólares. No en vano, el Gobierno suspendió las fumigaciones aéreas. No existe una real supresión de cultivos ilícitos. Los campesinos prefieren cultivarlos que eliminarlos.

Hasta ahora, los debates presidenciales trasmitidos por la televisión no han sido muy explícitos en la lucha contra el narcotráfico. Solo Iván Duque se ha permitido mostrar una reseña de castigos contra este flagelo. De llegar al poder, su gobierno eliminaría la casa por cárcel, así como los pintorescos brazaletes que nada sirven para lo que fueron creados. Tampoco el Inpec logra evitar fiestas carcelarias con música, whisky y compañía.

La inseguridad en poblados y ciudades pinta el atroz panorama que vive Colombia. Los constantes robos de carteras o celulares ni siquiera son denunciados por miedo a represalias. Si por casualidad un delincuente es detenido por la Policía, al día siguiente será puesto en libertad ante los desastrosos problemas de hacinamiento carcelario que sufre el país.

No es de extrañar que todos los candidatos presidenciales aparezcan como figuras dispuestas a corregir estos problemas. Para muchos televidentes, el más claro y rotundo ha sido Duque. Todo indica, hasta el momento, que él es la figura más segura para llegar a la segunda vuelta, enfrentándose a Petro o a Vargas Lleras. No obstante, sorpresas pueden darse a medida que avancen los debates en las próximas semanas.

La vecina y hermana Venezuela, gobernada por Maduro, nos da una idea de lo que puede ocurrirnos si nos descuidamos y elegimos mal. Yo, que viví allí por varios años durante la dictadura de Pérez Jiménez y luego bajo el esplendor de su renacimiento democrático, jamás pude imaginar la miseria a la que sería llevada por el castrochavismo.

En medio de este inquietante ambiente, el fútbol, y en especial el Mundial que se jugará próximamente en Rusia, sirve de distracción para ocultar la gravedad de estos problemas. Vivimos en un ambiente tan confuso, nunca visto en Colombia, que cualquier cosa puede ser posible. O bien un cambio saludable o bien un paso más hacia el abismo.

PLINIO APULEYO MENDOZA

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