Opinión

África

África es estructural para cambiar las narrativas de subvaloración y deshumanización.

14 de enero 2018 , 01:38 a.m.

Este 2018 lo comencé con una actitud de optimismo radical: tiene que ser mejor que el 2017. Y quizás ese optimismo radical me lo contagiaron varios líderes comunitarios de Tumaco; una en particular me dijo: “(...) en el 2018 seguiremos haciendo contrapeso a la violencia en Tumaco porque las acciones positivas serán más visibles, y seguiremos construyendo desde abajo con las piedras que nos caen desde arriba”. Con ese nivel de decisión, con esa valentía, con esa determinación de qué es lo que hay que hacer, que es lo justo, ¡ay!, cuán importantes son esos liderazgos invisibles pero fundamentales, que le dan la bienvenida con su vida y su trabajo a un 2018 mejor para el país.

Ese optimismo radical empezó a probarse cuando escuché hace unos días al presidente de Estados Unidos cuando decía que prefería inmigrantes de países más civilizados y no de África, Haití o El Salvador, y hay que entender que cuando dice El Salvador dice América Latina. El Salvador pudo intercambiarse por México, Colombia y así. Y, la verdad, me detuve en África como continente, no como un país, del que todos hablan, al que todos se refieren con un desprecio simplista, elitista y sin el más mínimo análisis. Así mismo, pensaba cómo esa narrativa colonialista nos persigue a quienes tenemos su ascendencia, en Haití y en el mundo.

Solamente recordar las caricaturas de la mayoría de los medios durante los paros cívicos del Pacífico, con imágenes de una población negra invisible y miserable, no digna, altiva y unida; o recordar al político antioqueño que ofendió hace algunos años al Chocó, o las imágenes del Beverly Hills caleño, con las empleadas domésticas negras como decoración, nos muestra que aquí y allá, de forma recurrente, uno de los mayores desafíos históricos que tenemos es resignificar a África y su diáspora hoy, ya que esas narrativas de deshumanización se trasladan a aquellos que son diferentes. Ese discurso no solo afecta a África y su diáspora, sino a América Latina y a las comunidades diversas.

Uno se pregunta la intencionalidad de esas narrativas hoy. África es una mezcla de realidades disímiles y contradictorias, no es una sola raza, ya son muchas, con un predominio negro, pero igual árabe, de ascendencia china, india, europea, que por el color no dejan de ser africanos. África como el continente con un crecimiento económico considerable en años recientes, que en Asia han sabido capitalizar muy bien y en América Latina aún no lo vemos, fuera de Brasil. África, que ha logrado avanzar en procesos de estabilización después de siglos de colonización, con muchos países definiendo su proyecto después de pocas décadas de independencia.

Esa África y su diáspora, que representa hoy, según la Unión Africana, más de 1.350 millones de personas que compran, producen, aportan y cada día van a ser parte más integral del mapa de liderazgo global. África es estructural para cambiar las narrativas de subvaloración y deshumanización que trascienden el color para discriminar por clase, género o cualquier otra condición.

Una líder chocoana, Deisy Elena Bermúdez, en la ceremonia de graduación de la Universidad Eafit en diciembre, pronunció uno de los discursos recientes más inspiradores que he escuchado. Decía:

“(...) debemos deconstruir aquellos discursos y narrativas que han constituido el sustento para que justifiquemos lo injustificable; para que nos confronten las causas de los considerados ellos o los otros, que en realidad son los empobrecidos, no los pobres, los marginados no los marginales... para que no sigamos entretenidos con un imaginario para mantenernos en nuestra zona de confort y privilegios”. Ella comenzó con ese discurso del Chocó como esa África que nos confronta, y tenía razón: a nivel local, nacional y global, más allá del nombre o la ubicación, es urgente confrontar y cambiar las narrativas perversas que perpetúan la desigualdad, ya que los nombres y los colores cambian, pero la estructura y la base del discurso son los mismos. Que esa sea la tarea este 2018.

PAULA MORENO
Presidenta de Manos Visibles
En Twitter: @manosvisibles

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