Opinión

Los Néstores

O el Fiscal sufre de personalidad múltiple o no está tratando los casos de manera igual.

01 de mayo 2017 , 04:43 a.m.

‘Trastorno de personalidad múltiple’: trastorno psicológico que consiste en la presencia de dos o más identidades en la persona que lo sufre. Una psicopatía frecuente en los libros de ficción –como Dr. Jekyll y Mr. Hyde– en la que se combinan síntomas disociativos, como incapacidad para experimentar emociones, o falta de recuerdo en sucesos traumáticos y conflictivos. Dícese de la presencia de estados mentales separados que terminan convirtiéndose en identidades alternativas dentro de un mismo individuo.

Me temo que ese trastorno podría estar afectando el buen juicio del señor fiscal general, Néstor Humberto Martínez. De otra forma no logro entender cómo se puede estar comportando tan distinto en casos que son tan parecidos. Así quedó claro esta semana, con cuatro actuaciones que parecían venir de cuatro fiscales diferentes y no del mismo.

Para comenzar, el Fiscal se declaró impedido en el caso de las exministras Cecilia Alvarez-Correa y Gina Parody dentro del escándalo Odebrecht. Las dos están siendo investigadas por el interés personal que tenían en la construcción de la vía Ocaña-Gamarra, que conectaba la Ruta del Sol II con el puerto de la familia de la exministra de Educación.

Dijo el Fiscal que se declaraba impedido para conocer ese asunto ya que, como abogado, emitió un concepto hace cinco años donde señalaba que la construcción de esa vía debía hacerse por licitación pública y no con una extensión del anterior contrato. Pero se le olvidó decir que, dos años más tarde, participó como ministro en el Conpes que aprobó esa extensión en favor del concesionario integrado por Corficolombiana y Odebrecht.

¿Qué le pudo haber ocurrido a un hombre de la experiencia, conocimiento e inteligencia del señor Fiscal que explique semejante olvido? Porque es difícil entender que esos mismos impedimentos no apliquen también para el caso de Corficolombiana –una empresa cuyos controlantes asesoró por muchos años– y cuyo presidente, José Elías Melo, está siendo salpicado desde Brasil de coparticipar en los sobornos de Odebrecht en nuestro país.

¿Cuál será el trastorno que lo aflige y que el jueves de esta semana volvió a aflorar cuando salió a anunciar que le imputará cargos a ocho altos ejecutivos de Reficar por el descalabre financiero en la modernización y ampliación de la Refinería de Cartagena? ¿En serio el Fiscal de Reficar es el mismo de Odebrecht? ¿O tiene un rasero diferente al momento de enfrentar los dos mayores casos de corrupción que consternan y enturbian a este gobierno?

¿Cuál de los dos Néstores se declaró impedido en el caso de las exministras? ¿El exabogado o el ex súper ministro de Santos? ¿El que se oponía a la extensión a dedo o el que participó de la misma al cabo del tiempo? Y ahora que se declaró impedido en ese caso, ¿irá también a paso lento esa investigación como sucede siempre que un Fiscal se declara inhibido en un escándalo?, ¿como cuando Eduardo Montealegre se declaró impedido en el desfalco de Saludcoop? Otro escándalo que a la fecha sigue en la más completa y absoluta impunidad y con Palacino multimillonario viviendo en el exterior.

Lo más preocupante de todo es que el Fiscal no le rinde cuentas a nadie, como quedó claro esta semana cuando dejó plantado al senador Jorge Robledo en el debate del martes por sus actuaciones en el caso Odebrecht. Dijo el Fiscal que no asistió porque se trata de una investigación que está en curso y que tiene que mantener el secreto del mismo.

¿Entonces nadie ronda al Fiscal? ¿A nadie le tiene que rendir cuentas del desprestigio de la Fiscalía, de la endémica impunidad en que queda la violencia en el país y la aterradora corrupción de sus funcionarios? ¿A nadie le tiene que dar explicaciones por sus actuaciones tan diferentes, en casos que son tan parecidos?

Si lo que quiere Martínez Neira es que medio país no se entere de los detalles de la investigación de Odebrecht, entonces que le rinda cuentas a la Corte Suprema. Y que lo haga pronto porque el primero de junio son públicos muchos de los videos de las interrogaciones de la cúpula de Odebrecht en Brasil. Pero a algo –o a alguien– le tiene que poder rendir informe de lo que está haciendo al frente de uno de los órganos más poderosos que tiene el país.

¿Se han preguntado qué pasaría si un fiscal en Colombia llega a ser corrupto? ¿Nadie le podría hacer ni un debate en el Senado? ¿Nadie le podría decir nada de sus múltiples conflictos de interés mientas ostenta ese cargo?

Con razón el informe de Transparencia Internacional de esta semana muestra a la Fiscalía General como la entidad con más alto riesgo de corrupción en el país, solo precedida por la Uiaf. Ahí está lo que pasó hace unos días con Rodrigo Aldana, el fiscal Anticorrupción que recibió un apartamento de Otto Bula a cambio de favorecerlo en un proceso y cuya historia de actuaciones dudosas se remontan muchos años atrás.

Lo que puede estar pasando puede ser gravísimo. Pero a nadie parece desvelarlo.

PAOLA OCHOA@PaolaOchoaAmaya

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