Opinión

Hasta nunca, ‘Playboy’

Gracias a Hugh Hefner, millones de mujeres viven acomplejadas del tamaño y formas de sus genitales.

02 de octubre 2017 , 01:06 a.m.

Decía Santiago Gamboa en su última columna que Hugh Hefner lanzó desde ‘Playboy’ la gran revolución de las últimas décadas: la depilación total de las zonas íntimas femeninas. Que se trata del mayor invento en la historia reciente de la humanidad, después del internet y el celular. Que gracias a ‘Playboy’ desapareció la fronda espesa del monte de Venus y llegó la moda de una llanura plana y sin pelos.

Yo me atrevo a ir mucho más lejos: gracias a ‘Playboy’ –y a que rasurarse el vello genital se volvió moda– millones de mujeres descubrieron que existen enormes diferencias en sus partes íntimas. Y ahora todas viven traumatizadas por no tenerlas perfectas y pequeñas, así como aparecen en las páginas internas de la revista.

‘Playboy’ estereotipó un conjunto único de vaginas: bonitas, chiquitas, de labios pequeños, de clítoris mediano, de pubis plano y perineo estrecho. Sin ningún rastro de cicatrices visibles de episiotomías, cesáreas o partos. Vulvas que se parecen mucho más a las de una niña, que a las de una mujer crecida. Y tal vez por eso todos los hombres viven obsesionados por tener sexo con adolescentes, rayando en la pedofilia.

Y gracias a eso, millones de mujeres viven avergonzadas por no tener esas vaginas. Y la prueba es que la cirugía estética de mayor crecimiento en el mundo es la de las zonas íntimas femeninas: la labioplastia, que consiste en la reducción de los labios menores; la clitoriplastia, que consiste en la reducción del clítoris; la pubiplastia, que consiste en una lipoescultura láser para redistribuir la grasa del pubis; la perineoplastia, que consiste en la reconstrucción del perineo a raíz de partos difíciles y otro tipo de traumas.

La moda es hacerse todas estas cirugías no por salud, sino por estética pura y llana. Porque nos avergüenzan nuestras vaginas. Porque nos da pena que sean grandes, largas o anchas. Porque gracias a ‘Playboy’ hoy estamos llenas de complejos y traumas. Porque Hugh Hefner escogía sus modelos con tetas y culos grandes, así como con vaginas y vulvas pequeñas. Porque así le gustaban a él.

A él, un misógino disfrazado de progresista de la libertad femenina, que a lo largo de su vida profesó un único estereotipo de mujer-conejita. Un viejito verde que a los 91 años estaba casado con tres mujeres que parecían sus nietecitas. Un tipo que decía que las únicas mujeres con las que valía la pena estar era con las menores de 30 años de edad.

Una condición que nos puso al mismo nivel de los electrodomésticos y los muebles de decoración; esos objetos que hay que renovar cada cierto tiempo porque se vuelven viejos y obsoletos. Nada importan el amor, la inteligencia, la admiración, la complicidad, el afecto. Solo la apariencia de una mujer con una vagina y unos senos perfectos.

Hasta nunca Hugh Hefner. Vete al invierno viejo verde, mujeriego, degenerado y embustero.

PAOLA OCHOA@PaolaOchoaAmaya

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