Opinión

Es la plata, estúpidos

Ya no más ventiladores. Es hora de seguirle el rastro al dinero de estos pillos.

21 de agosto 2017 , 01:21 a.m.

Somos medio brutos los periodistas colombianos. Vamos como borregos repitiendo lo que dicen a diario los ventiladores de los escándalos de corrupción, sin el menor sonrojo ni pudor. Vamos reproduciendo cada cosa que dice Bula, Lyons, Zambrano, Moreno y todos los que buscan acuerdos de oportunidad con la Fiscalía, a cambio de rebajas de penas para sus propias fechorías.

Ya sabemos que son pillos. Ya sabemos que son corruptos. Ya sabemos que robaron, que lavaron, que sobornaron. Ya sabemos que abren la boca de manera estratégica y que prenden el ventilador por donde más les convenga. Ya sabemos que no necesariamente dicen la verdad, sino aquello que les sirva para salvar sus pellejos y dejar sus fortunas sin tocar.

Y, aunque ya sabemos todo eso, les abrimos los medios de par en par. Les damos eco a sus delaciones y confesiones, mientras pasamos por encima lo más elemental: el dinero que recibieron y que movieron todos por detrás.

¿O cuántos periodistas están siguiendo el rastro del dinero? ¿Cuántos están siguiendo los movimientos de las cuentas bancarias de estos señores? ¿Cuántos están siguiendo los pagos en Panamá, Antigua y Andorra de todos los sobornos que pagó Odebrecht vía paraísos fiscales?

¿Cuántos están mirando los códigos SWIFT de los bancos que utilizó Zion, BusinessM&I y Consultores Unidos? ¿Cuántos están mirando los números, las cuentas en el exterior de Lurion Trading y el dinero de los sobornos que movió desde Andorra y otros escondidijos?

¿Cuántos periodistas están rastreando los números de las cuentas corrientes en Colombia que se usaron para lavar los dineros de las coimas? ¿Cuántos más están siguiendo las cuentas de los congresistas, de los exmagistrados, de los funcionarios de las ANI, del Banco Agrario, de los ministros y exministros de Transporte que han salido a bailar en todos estos últimos escándalos?

¿Cuántos periodistas en Colombia están siguiendo ese rastro del dinero para determinar si esto va más allá de unos simples magistrados, ministros de Estado, abogados corruptos y empresarios cercanos a Palacio?

Sigan el giro del dinero. ‘Follow the money’, como hicieron los periodistas del ‘Washington Post’ que acabaron con Nixon. ‘Follow the money’, como están haciendo los periodistas y fiscales brasileños que encarcelaron a Lula y hoy tienen contra las cuerdas a Dilma. ‘Follow the money’, como están haciendo los periodistas y fiscales peruanos que tienen con un pie en prisión a Toledo, García y Humala.

Ninguno de esos países llegó tan lejos con ventiladores, ni fábulas de sapos. Todos –sin excepción– se dedicaron a seguir el dinero, a perseguir los movimientos bancarios. Ya lo dijo el fiscal Moro, quien destapó la olla podrida de Odebrecht y LavaJato: “La lucha contra la corrupción se gana siguiendo el rastro del dinero; no con la dictadura de la extorsión de las confesiones y delaciones de los implicados”.

Ya fuimos bastante miopes los periodistas con el ‘carrusel’ de Bogotá. El ventilador de los Nule nos puso el foco en el más irrelevante de todos los contratos: el de las ambulancias de la capital. Nunca miramos qué pasaba con los otros contratos: los de movilidad, los del SITP, los del Acueducto de Bogotá, los de los hospitales. Todos ellos con problemas gravísimos y delicados.

También perdimos la oportunidad de destapar carruseles en otros municipios. El ventilador de los Nule solo se prendió para Bogotá, pero no para otras capitales y pueblos colombianos. Guido y sus primos se quedaron callados sobre sus contratos con el Acueducto de Cúcuta, con Enertolima y con la concesión Bogotá-Girardot. Tres negocios que bajo el silencio quedaron sepultados. La Fiscalía se quedó solo con las ambulancias, y hasta ahí llegó todo el escándalo de corrupción de Bogotá.

Ahí tienen mis queridos colegas. O empezamos a hacer bien nuestro trabajo o seguimos haciendo el papel de los tarados. O empezamos a seguir el rastro del dinero o les seguimos haciendo eco a los cantos de sirena de Bula, Lyons y Zambrano.

PAOLA OCHOA@PaolaOchoa

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