Opinión

¿De tibios a duros?

¿Y ahora qué hacemos los casi 5 millones de tibios que votamos por Fajardo?

28 de mayo 2018 , 12:00 a.m.

Qué guayabo tan bravo. Me siento huérfana, derrotada, asustada y con el corazón arrugado. Primero, porque perdió mi candidato, que era Sergio Fajardo. Segundo, porque pasaron Duque y Petro, los dos extremos que me aterrorizan y me erizan los pelos. Tercero, porque ahora estoy obligada a tener que elegir para segunda vuelta entre esos dos polos opuestos. O ni tan opuestos, porque al final del cuento ambos son populistas, demagógicos, promeseros, agresivos y culebreros.

La peor opción para el país, como lo dijo The Economist y como lo sabemos los casi 5 millones de colombianos que votamos ayer por Fajardo. Para quienes aún creemos que la educación es el único camino para salir del tercermundismo, la miseria, la desigualdad y el atraso. Para quienes creemos que la lucha contra la corrupción es una necesidad en la era de Odebrecht, del cartel de la hemofilia, del cartel de la toga y de los otros 5.000 carteles de contratistas que existen hoy en Colombia.

¡Maldita sea! ¿Qué vamos a hacer los 5 millones de tibios que votamos ayer por Fajardo? ¿Nos vamos a volver duros y nos alistamos con Duque? ¿O nos volvemos blandos y nos vamos con Petro?

¿Qué vamos a hacer en el tiempo que falta para la segunda vuelta? ¿En estas tres semanas que nos van a parecer eternas? ¿Veintiún días más de odio, polarización, zancadillas y puñaladas rastreras? ¿Un calvario de denuncias de fraude, de atentados, de amenazas en sedes de campañas, de bodegas con hackers y troles, de guerras informáticas, de debates entre dos lobos polarizadores que van a expeler más veneno que nunca en lo que resta de esta contienda?

¿Qué vamos a hacer en el tiempo que falta para la segunda vuelta? ¿En estas tres semanas que nos van a parecer eternas? ¿Veintiún días más de odio, polarización, zancadillas y puñaladas rastreras?

¿En serio nos tocó elegir entre la derecha y la izquierda? ¿Entre la guerra y la paz? ¿Entre zanahoria para los ricos o zanahoria para los pobres? ¿Entre menos impuestos para los más adinerados o más subsidios para los más necesitados? ¿Entre un Estado pequeño o un Estado derrochón? ¿Entre petróleo con fracking o aguacates como primer renglón de exportación?

¿En serio nos toca elegir entre Gustavito e Ivancito? Entre un futuro con la Farc en el Senado, o con las Farc dándose plomo nuevamente en los campos colombianos? ¿Entre un Estado que cumple con lo pactado, o un Estado conejero que pisotea lo firmado en territorio cubano? ¿Entre un Timochenko votando libremente en las elecciones para presidente, o un Timochenko regresando al monte para rearmarse con un ejército guerrillero?

La verdad me alegró mucho ver al exjefe de las Farc votando, pero también me preocupó doblemente verlo en ese acto: ¿Será que es la última vez que vota Timochenko? ¿Será que las Farc se regresan al monte, ahora que Ivancito barrió en primera vuelta? ¿Ahora que parece inminente un triunfo suyo sobre Petro? ¿Será que el estado colombiano sí les hace conejo a las Farc?

Somos nosotros, los tibios, los únicos capaces de cambiar la historia para la segunda vuelta. En nuestras manos está decidir si nos endurecemos hacia la derecha, o si nos ablandamos del todo y nos vamos para la izquierda. A menos que ocurra un milagro y tanto Petro como Duque decidan moderarse y entrar a discutir programas en detalle y no inventarse más mentiras radicales.

PAOLA OCHOA AMAYA

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