Opinión

Uvas y expectativas

Solo con salud, seguridad y educación, las personas serán libres para escoger un destino digno.

31 de agosto 2017 , 12:00 a.m.

En la fábula de Esopo ‘La zorra y las uvas’, el animal sediento intenta alcanzar un racimo de uvas que parecen maduras y están en lo alto de una mata de parra. Aunque las necesita afanosamente, como no consigue agarrarlas para comerlas, al final de varios intentos fallidos la zorra se consuela diciendo: “De todos modos, esas uvas estaban verdes”, y va ajustando sus expectativas para ocultar su decepción. ¿Qué tiene que ver ese cuento infantil con los problemas de la educación?

Unos jóvenes me hicieron una pregunta sencilla hace uno días: ¿qué le indigna? Y yo les transmití mi angustia sin respuesta de hace años: me indigna que las aberrantes desigualdades de esta sociedad se las heredemos a las nuevas generaciones una y otra vez. Que la inequidad se haga eterna, porque nadie haya sido capaz de ofrecerles a todos los niños las mismas oportunidades de aprender. Que la buena educación no sea un derecho, sino un privilegio. Que las uvas maduras estén muy altas para la mayoría de las personas y le hagamos creer a la gente que es porque están verdes.

Y esa transmisión intergeneracional de la injusticia sigue sin una respuesta profunda. Mediante la capacitación de los docentes de las escuelas del Estado y la mejora de los resultados académicos de sus estudiantes hemos avanzado algo. Y también se ha progresado otro poquito en algunas jurisdicciones, por medio de la promoción de la formación integral en el marco de la ampliación de jornadas escolares o la creación de oferta de educación inicial y de educación media vocacional. Pero la pepa del problema sigue intacta: para los pobres solo se puede aspirar a lo mínimo.

¿Será que la respuesta es llevar a todo el mundo, pobre o rico, a estudiar en los mismos colegios oficiales? ¿Será que la respuesta es poner a los privados a manejar las escuelas del Estado? Son dos caminos ideológicamente opuestos que se han intentado, pero que tampoco parecen funcionar. Sin consenso de la sociedad, con poca inversión y un sistema de autonomías complejas tan enredado, los cambios se vuelven ingobernables y todas las ideas rebotan contra la realidad. ¿Será un problema técnico de cómo enfocar y ejecutar políticas públicas?

El bienestar no puede entenderse como una sensación de cada quien, sino que la sociedad debe fijar mínimos éticos de derechos, los cuales todos debemos tener garantizados para ser libres

Quizás haya una explicación más convincente en nuestra fábula de Esopo. La zorra, aunque objetivamente tonta, se comportaba de manera subjetivamente inteligente: nadie aspira a lo que no ve posible. Es mejor para la salud mental ver las uvas verdes. Así, Amartya Sen, filósofo y economista ganador del premio Nobel, nos explica con investigación rigurosa cómo las personas ajustamos nuestras preferencias y expectativas a nuestras condiciones reales para evitar un dolor insoportable.

Por eso, el bienestar no puede entenderse como una sensación de cada quien, sino que la sociedad debe fijar mínimos éticos de derechos, los cuales todos debemos tener garantizados para ser libres. Esa idea es la esencia de la teoría de las capacidades humanas, opuesta a la concepción del desarrollo dominante hoy en el mundo, que se inspira en el pensamiento utilitarista.

Solo si les ofrecemos salud, seguridad y, especialmente, educación y acceso a la cultura, las personas podrán ser libres para escoger su destino con dignidad. Las libertades básicas son habilitantes, o emancipatorias, podríamos llamarlas. Es decir, esas libertades, en especial la educación, son la escalera para que las personas puedan ver las uvas del color que son, e intentar entonces alcanzarlas. Esto en colombiano significa dos cosas:

Uno, que el pensamiento de derecha tan común entre nosotros según el cual las desigualdades existen porque la mayoría de la gente humilde desaprovecha las oportunidades deliberadamente, por ‘falta de espíritu’, es una justificación cínica de la opresión desde el poder.

Y dos, que en las barriadas de las ciudades, entre los campesinos, entre las poblaciones étnicas del mundo periférico se tiene que sembrar la conciencia de tener derecho a lo mejor, en especial a la mejor educación, si queremos llegar a la igualdad de oportunidades en un plazo razonable. Si la gente sigue pensando que las uvas están verdes, seguiremos haciendo intentos de mejora del sistema educativo, pero la inversión estatal para llevar excelencia a los pobres seguirá siendo pequeña y los esfuerzos de la sociedad para corregir nuestra realidad más indignante, cosméticos.

ÓSCAR SÁNCHEZ
* Coordinador nacional de Educapaz

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