Opinión

Un maestro superpoderoso en Ciudad Bolívar

Tenemos miles y miles de maestras y maestros con compromiso. Me gusta llamarlos empoderados.

27 de febrero 2017 , 11:42 a.m.

Espero que un maestro de un colegio público del sur de Bogotá se gane el premio de mejor profesor del mundo, para el que está nominado por la Fundación Varkey. Suena pretencioso, pero creo que para el país, el mensaje de que la paz se puede lograr por el camino de la educación, si confiamos en nuestros profesores más innovadores, valientes y dedicados, sería muy positivo.

Tenemos miles y miles de maestras y maestros con compromiso. Me gusta llamarlos empoderados, es decir, conscientes de su poder. Se ponen a estudiar, planean, inventan, ensayan, evalúan, motivan a los demás, involucran a la comunidad, aprenden de sus errores y se gozan sus logros, porque están convencidos de que su trabajo le cambia la vida a la gente. Muchos de esos profes se frustran, especialmente, en zonas de conflicto, donde los chicos tienen razones para desentenderse del colegio o incluso abandonarlo. Luchan duro, aunque rara vez logren que sus estudiantes hagan de la educación el camino para conseguir sus sueños. Tienen un mérito enorme.

También hay maestros que piensan que su contribución no es importante, trabajan por el sueldo cuando toca, y la pasan muy mal. Llamémoslos profesores desempoderados. Y uno de los principales objetivos de toda buena política educativa es ofrecer capacitación y apoyo a los profesores para que se empoderen.

Pero hay profes que no se dejan frustrar por dura que venga la mano. No solo tienen profesionalismo y capacidad pedagógica, sino que logran contagiar esas virtudes. Ese tipo de educadores, que podríamos llamar superpoderosos, son el factor más importante para lograr resultados sobresalientes en contextos de adversidad. Cuando hay un par de docentes así en un colegio y sus directivos los apoyan, esa institución suele ir hacia adelante. Al buscarlos en zonas afectadas por la violencia intrafamiliar, el conflicto armado y el narcotráfico, se encuentran ejemplos maravillosos. Profes constructores de paz de verdad, como el grupo del colegio Rodrigo Lara Bonilla, que integran Nelson Garzón, Paola López, Martín Forero y Alexander Rubio, entre otros maestros, con el apoyo de su rector. Ellos llevan un par de décadas trabajando en un entorno adverso, y en esa lucha han conseguido cambiar desde la educación física y la danza la realidad de los chicos de una institución con más de 2.000 estudiantes muy vulnerables.

Alexander Rubio, quien lidera en el colegio la práctica del yoga y la meditación, ha usado desde su ejemplo personal hasta el de la conquista de récords mundiales para que sus estudiantes reduzcan la agresividad, mejoren sus resultados académicos, crean en sus capacidades y trabajen colectivamente. He tenido la oportunidad de ver la manera como Alexander ayuda a concentrarse, respirar y meditar a miles de personas. Unas veces, a adultos que acaba de conocer, por ejemplo, colegas maestros. Otras veces, a adolescentes, quienes tras meses de trabajo con él pasaron de estar dominados por la rabia a tener identidad con su comunidad y orgullo por su colegio y su territorio. A veces, a profesores de educación física de toda la ciudad, a quienes lleva al límite en estiramientos y posturas extremas. Conozco la sólida base teórica de su trabajo, he sido descrestado por la puesta en escena de sus iniciativas y he sentido su energía vital y su humildad. Su preparación académica lo ha llevado hasta el doctorado y la docencia universitaria. Pero no ha abandonado su colegio, donde una práctica docente con más de 15.000 estudiantes le ha permitido encontrar las herramientas para ganarse la confianza de una comunidad enorme y difícil, y transformarla.

Centenares de tutores del PTA, facilitadores de iniciativas Incitar, ganadores del premio Compartir y muchos otros maestros superpoderosos colombianos merecerían reconocimiento global. Sin embargo, necesitamos señales de que la paz sucederá si cambiamos a las nuevas generaciones, más allá de acuerdos y desacuerdos políticos. Y como Alexander Rubio simboliza exactamente eso, y sabría llevar muy bien la responsabilidad de tal reconocimiento, darle un premio que muchos consideran el ‘Nobel a la docencia’ sería muy oportuno para el país. Ojalá se lo gane.


Óscar Sánchez

* Coordinador nacional de Educapaz@OscarG_Sanchez

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