Opinión

Un credo

Creo en un tipo de pedagogía: democrática, indagadora, que va más allá del aula y la escuela.

14 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

¿En qué creo? Pregunta de moda gracias al papa Francisco.

Creo en la educación y el conocimiento primero para dar libertad a las personas, luego para la estabilidad institucional o el desempeño económico. Todos los seres humanos, incluso los niños y las niñas, debemos descubrir y defender lo que queremos, y la educación es un medio para ayudarnos a realizar nuestro propio proyecto de vida. Por eso, aunque la educación también es un instrumento para que las personas ‘hagan’ o ‘sepan’ algo que se espera de ellas, es más importante su poder para enseñar a elegir.

Creo en la motivación. En que la gente solo puede lograr lo que se propone. En la idea de que maestros y maestras, familias, comunidades, niños y jóvenes merecen que confiemos en ellos y les ofrezcamos reconocimiento, apoyo y capacidades para la autonomía. En ese sentido, si bien abogo por una mejor remuneración para los docentes, creo que los incentivos que mueven a las personas son los que las ayudan a ser responsables y a reconocerse valiosas, más que los premios monetarios.

Creo que hay ciertos resultados de aprendizaje legítimos: los que cada persona, comunidad o territorio tienen derecho a definir y no solamente aquellos que ‘la Nación’ deba establecer. Defiendo, no obstante, un tipo de currículo: integral, que incluye el saber y el ser y suficiente para que lo básico que todo estudiante debe lograr lo convierta en una persona capaz de labrar su destino. De allí en adelante, creo en la diversidad.

Creo en un tipo de pedagogía: democrática, indagadora, que va más allá del aula y la escuela.

Creo que una sociedad respetable solo puede tener un tipo de educación: buena para todos

Creo que una sociedad respetable solo puede tener un tipo de educación: buena para todos. Considero indecente que la buena educación sea un privilegio. Es muy triste que aceptemos como un dato sin responsables ni soluciones las diferencias de ingreso entre un obrero y un gerente cuando alcanzan los 40 órdenes de magnitud.

Me parece carreta eso de que “unos sabemos mucho y por eso somos muy productivos y lideramos la modernidad en este país tan necesitado de talento, mientras otros son personas sin calificación en una economía del tercer mundo, y por eso merecen tan poca paga”. Para romper la aberrante desigualad entre generaciones hay que deshacerse de un sistema educativo en el que invertimos a lo largo de la vida centenares de millones de pesos pagados por las familias en la educación de unos que tienen asegurada formación hasta el posgrado (como mis hijos), mientras el Estado invierte una décima parte en una educación pobre para otros que, en la mitad de los casos, no llegan a terminar el bachillerato.

Creo que este país es tacaño con la educación pública y que los dirigentes dicen que les importa mucho la educación pero rara vez la financian. Y afirmo que si no priorizamos las inversiones en el conocimiento y la cultura sobre la infraestructura y explotación de recursos naturales, no saldremos de pobres, y que es tan cierto que no basta con aumentar el gasto en educación para que los resultados sean buenos, como que no se puede tener mejor educación para el país sin invertir en ello mucho más dinero.

Creo que una sociedad más educada es menos corrupta.

Y creo que necesitamos ciertas políticas educativas para que haya paz de verdad en Colombia. Si no creamos Zonas de Reserva Educativa y en unos pocos años los territorios rurales y las poblaciones más afectadas por la guerra, donde hoy se reclutan miles y miles de niños y jóvenes para las economías ilegales, no cuentan con identidad sólida y una educación de primer nivel, nos reinventaremos la guerra. Y creo que solo será sostenible la paz si cada niño, niña o joven de cualquier condición logra aprendizajes socioemocionales, ciudadanos y para la reconciliación apropiados, pues como bien dice la carta constitutiva de la Unesco, “puesto que la violencia reside en la mente de los hombres, es allí donde debemos erigir los baluartes de la paz”.

ÓSCAR SÁNCHEZ
*Coordinador Nacional Educapaz

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