Opinión

¿Sectarismo o reconciliación?

Necesitamos personas más compasivas y racionales, y eso solo lo conseguimos con una nueva educación.

16 de noviembre 2017 , 12:00 a.m.

Decía Martin Luther King Jr. que la oscuridad no puede eliminar a la oscuridad, que para ello se necesita la luz, del mismo modo que necesitamos del amor y no del odio para reemplazar el odio. Y si la sociedad colombiana está cansada de la descalificación y la agresión, necesitamos una mezcla de personas más compasivas y más racionales, y eso solo lo conseguimos con una nueva educación. El individualismo egoísta surge de una razón desbordada. El odio y la dependencia de emociones y creencias mal enfocadas.

¿Cómo lograr en cada chico o chica de las nuevas generaciones ese equilibrio de pensamiento crítico para no dejarse manipular, sensibilidad para condolerse y disposición al perdón y a la superación del dolor para doblar la página de la violencia?

Hoy vivimos inmersos en una caricatura, en la que solamente existen los extremos. Alguien parecido a uno (o que uno quiere pensar que es parecido) es el bueno. El resto son los malos. Y en esa lógica nos formamos. Una lógica demasiado simple, la cual tiende a la generalización y produce gente fácil de manipular. El autoritarismo, el populismo y el sectarismo, que son vicios políticos que aparecen por igual en la derecha y en la izquierda, porque su origen no está en el signo de las ideas sino en el extremismo, están a la orden del día.

Extremistas de derecha nos dicen que vamos a terminar como Venezuela si De la Calle, López, Petro o Fajardo son presidentes, y que ellos tienen una alianza castrochavista con Juan Manuel Santos. Asimismo, señalan que un gobierno que represente intereses diferentes, así sea moderno y sensato, es un peligro, y solo es aceptable que nos dirijan los mismos poderosos que nos han hecho uno de los países más injustos del mundo. Y la mitad del país que vota está convencido de eso.

Hoy vivimos inmersos en una caricatura, en la que solamente existen los extremos. Alguien parecido a uno (o que uno quiere pensar que es parecido) es el bueno. El resto son los malos.

Pero los extremistas que azuzan las emociones zurdas, muchos de mis amigos por años, no se quedan atrás: dicen sin tapujos que quienes han cometido crímenes atroces en la izquierda merecen la justicia transicional, pero no quienes los han cometido en la derecha. O que en aras de una unidad acrítica, hay que elegir y sostener, como hicieron con Samuel Moreno, a gobernantes ladrones y chambones. Todo eso, de lado y lado, niega que las ideologías son importantes para construir identidades, pero el mundo es de matices, entre otras cosas, porque todas las ideas contienen creencias y no existe una única verdad, y porque hay personas decentes en todos los partidos.

Claro que hay una crisis en la dirigencia política. Y es evidente que mucha gente codiciosa ha conseguido controlar las tres ramas del poder público. Pero afirmaciones como “todos los dirigentes de izquierda son tal cosa”, “todos los dirigentes de derecha son tal otra”, o la más complicada de todas: “Todos los políticos son corruptos o ineptos o negligentes”, demuestran más la crisis de cultura política de un ciudadano incapaz de analizar, relativizar y distinguir, que la crisis de la dirigencia.

Entre tanto, dirigentes y ciudadanos, en ese ambiente caldeado, concluyen que la política es para derrotar a otro que uno considera su enemigo y no para proponer programas viables y concretos, reconociendo los avances y no solo los defectos de quienes han estado antes en el poder.

Para que los colombianos dejemos de movernos por odios, tenemos que entender dos cosas. La primera, que nuestra verdadera amenaza no viene ni del Partido Comunista de Cuba ni del Partido Republicano de los Estados Unidos, sino de la posibilidad de devolvernos a las guerras que libraron en Colombia a lo largo del siglo XX unos partidos, llamémoslos liberales y conservadores, hace 70 años, o derecha e izquierda armada, más recientemente, que en nombre de fines turbios justificaron medios inhumanos y alimentaron el odio entre colombianos pobres. Y la segunda, que una población mal educada para convivir es presa fácil de jefes políticos, religiosos o mediáticos expertos en manipular, y, por lo tanto, tiene que entrar en las prioridades de escuelas y universidades lo que en Educapaz llamamos educación Crese, es decir, formación de capacidades ciudadanas cívicas y políticas, disposición para la reconciliación y aprendizaje de competencias sociales y emocionales.

ÓSCAR SÁNCHEZ
* Coordinador nacional de Educapaz

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA