Opinión

¿Qué nos dejó el paro?

Esperemos que en la próxima campaña la educación vuelva a ser un tema de acuerdo nacional.

22 de junio 2017 , 12:00 a.m.

Se levantó el paro. Y se hicieron dos acuerdos concretos: una pequeña mejora salarial para los próximos tres años y ralentizar a corto plazo la implementación de la jornada única en los colegios en los que ya se inició. 

Lo demás que se pactó, en realidad es seguir negociando. En un proceso que terminará siendo de largo plazo, pasará por reformas constitucionales e incluirá al magisterio junto con otros actores, se instalarán varias mesas para la reforma estructural de las finanzas de la educación y se comenzará a trabajar en el estatuto único docente. Patear el balón hacia adelante. Hacia el próximo gobierno, que en 2019 recibirá un nuevo pliego y enfrentará la amenaza permanente de nuevos paros, a menos que esas mesas sean excepcionalmente potentes en el proceso electoral que se avecina.

Financieramente, el Gobierno logró su objetivo, pues este fue su último paro y se irá en un año, dejando una asignación presupuestal para 2018 que cumpla lo pactado en 2015 y una pequeña bonificación adicional (6 por ciento de un salario mensual pagadero una sola vez en esta primera vigencia). Como decíamos hace unos días, leve mejora para los docentes, pero agradecida. Quedan una serie de compromisos presupuestales que el próximo gobierno deberá mantener, pues el aumento pactado en 2015 y la bonificación de 2017 seguirán creciendo progresivamente por algunos años.

Es decir, después de dos paros históricos, los maestros han conseguido ajustes salariales entre 2015 y 2020 del orden de un 10 por ciento de mejora en su ingreso después de inflación, y un mecanismo de evaluación y ascenso con más garantías de estabilidad. Cosas que, a mi juicio, podríamos haber pactado sin huelgas prolongadas. El sindicato, por su parte, queda fortalecido, pues ha mostrado una gran capacidad de movilización y ha dejado planteada una agenda a largo plazo.

Los temas de procedimientos para encargos, nombramientos provisionales y concursos docentes, así como las horas máximas de asignación académica para educación preescolar, primaria, secundaria y media, que ocupan buena parte del acuerdo, expresan la formalización extrema del derecho administrativo laboral docente. Un campo de la gestión pública lleno de tecnicismo jurídico, que se ha complicado porque los conflictos se zanjan en la eterna negociación y el activismo judicial y no en acuerdos sociales y políticos.

Lo triste es que el acuerdo de fondo ya se había logrado cuando el presidente se comprometió, en 2014, a invertir el 7 por ciento del PIB en gasto público para el sector

El resto de los temas quedaron por resolverse. Incluso uno laboral delicado, que es el de las primas otorgadas por las entidades territoriales. Pero, ante todo, las reformas de verdad. Por ejemplo, el acuerdo habla de educación para la paz, de replantear la jornada única para incluir la formación integral, de la articulación de la educación media con la educación superior, del preescolar de tres grados, de un nuevo estatuto de la profesión docente y de la infraestructura educativa y la alimentación escolar, pero, como es natural, todo ello lo deja pendiente de mesas de negociación y reformas estructurales, incluso constitucionales, cuya solución pasa por pactos que no podía resolver un gobierno que se está despidiendo en medio de un crisis fiscal.

Como decíamos hace 15 días, lo triste es que el acuerdo de fondo se había logrado cuando el presidente se comprometió, en 2014, a invertir el 7 por ciento del PIB en gasto público para el sector. Esa promesa –que resolvería no el conflicto con el sindicato, sino el desarrollo con equidad de esta sociedad– cuesta 20 veces lo que salió de esta negociación. Y nos la hicieron en campaña al movimiento Todos por la Educación, a Fecode y al país el presidente Santos y todos los candidatos y partidos políticos. Pero se quedó en el aire.

Enhorabuena se habla de nuevas mesas para el mismo propósito, animadas por este acuerdo entre el sindicato y el Gobierno. Para evitar un nuevo episodio de este largo conflicto laboral, pero sobre todo por el bien del país, esperemos que en la próxima campaña la educación vuelva a ser un tema de acuerdo nacional, se retome la voluntad política y la economía permita los ajustes necesarios. Ojalá. Difícil.

Solo una línea para decir que a veces me siento atrapado en mi condición de columnista temático de la educación. Ante la ignominia del asesinato de líderes sociales a lo largo y ancho del país y de mujeres inocentes en baños de centros comerciales porque a algunos miserables la guerra les parece una oportunidad de negocio, quisiera poder opinar sobre nuestra ineptitud como sociedad y como Estado para someter a tales lacras. Pero como a la larga la solución está en educar para la paz a una nueva generación, y de eso es de lo que sé, en eso seguiré en esta columna.

ÓSCAR SÁNCHEZ
* Coordinador Nacional de Educapaz

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