Opinión

Las medallas milagrosas

La actividad física tiene que ser parte esencial de todo proyecto educativo.

27 de febrero 2017 , 11:45 a.m.

Mariana Pajón, Caterine Ibárgüen, Óscar Figueroa y todo el equipo de deportistas, entrenadores y personal a cargo del proyecto olímpico nos han mostrado que con estrategia y una década de trabajo continuo, Colombia puede alcanzar metas ambiciosas. Y en este caso, se trata de un esfuerzo liderado por el Estado, lo que es más significativo: los gobiernos pueden ser efectivos cuando mantienen sus buenos propósitos más allá de los períodos electorales. Gran lección para quienes construyen y ejecutan las políticas en educación.

De otro lado, esos logros ayudan a fortalecer la identidad nacional y, según se ha medido a través de encuestas, nos suben el optimismo. De hecho, se dice que esa mezcla de orgullo colectivo y buena onda podría reducir la pugnacidad política.

Hay un lado oscuro. La competencia por incentivos económicos y la guerra entre empresas patrocinadoras hace que ya no exista distinción entre deporte aficionado y deporte profesional. Además, para alcanzar la cima, algunos atletas se tienen que someter a riesgos y cambios físicos que atentan contra su salud. Y el chauvinismo y la ramplonería de mucho comentarista refuerzan nuestra ciudadanía precaria. No obstante, sobran los motivos para guardar una enorme gratitud con nuestros medallistas.

Ahora bien, ¿qué es lo realmente interesante de esta euforia deportiva? A mi juicio, la oportunidad para reflexionar sobre el papel de la formación integral en el desarrollo de los seres humanos, y cómo la actividad física tiene que ser parte esencial de todo proyecto educativo.

Cuando Bogotá realizó hace tres años, con la orientación de educadores físicos y médicos deportólogos las primeras Pruebas Ser de bienestar físico, supimos que por falta de ejercicio y alimentación inadecuada los chicos de la ciudad estaban muy mal a los 15 años en asuntos básicos como funciones cardiovasculares y masa muscular, grandes predictores de enfermedades. En particular las mujeres estaban peor que los hombres, y entre más vulnerables, más precaria es la condición física de los niños y jóvenes, pues en las clases medias las familias suplen lo que la escuela no ofrece. Además del promedio, se midieron los resultados de chicos que practicaban deporte dentro de su jornada escolar frente a otros que no lo hacían. Por fortuna, en Bogotá la Jornada Completa ha sido para la formación integral, y no solamente para reforzar saberes académicos. Aunque faltan análisis más profundos, podemos decir que entre los 150.000 chicos que en los últimos años eligieron deportes y los practicaron de la mano de deportistas en escenarios muy diversos de la ciudad, la condición de salud, las capacidades ciudadanas y el rendimiento académico mejoraron. Ya veremos si se mantienen esas actividades en los próximos años. Si así fuera, tendríamos el beneficio de formar personas con más capacidades en general, gracias a la actividad física cotidiana, y también la oportunidad de detectar y cultivar talentos para un semillero de deportistas de alto rendimiento que lleve a nuevas medallas.

En el país, entretanto, la situación no está estudiada. Pero es un hecho que el deporte está casi desaparecido del currículo en los colegios de media jornada y que hay muy pocas experiencias de Jornada Completa en los colegios públicos que la entiendan como formación integral, con los parques, canchas y demás escenarios de las ciudades como “aula deportiva” y no solamente los restringidos espacios de los colegios. La sospecha es que la condición física de los escolares en las otras grandes ciudades tiene características similares a las de los bogotanos que no tienen Jornada Completa, y que en los sectores populares y entre las chicas es aún menos buena.

Esperemos que estas medallas sean milagrosas y el entusiasmo deportivo logre que por salud (ojalá) o al menos por patriotismo, el deporte se generalice en serio en Colombia en los currículos, en las actividades de integración y en las mediciones de resultados de las escuelas. Y que esa decisión se mantenga.


Óscar Sánchez

*Coordinador Nacional Educapaz@OscarG_Sanchez

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