Opinión

Investigar la educación rural

Se habla de autonomía en la educación. Pero esta solo funciona cuando se ejerce con capacidad.

03 de agosto 2017 , 12:00 a.m.

En recientes experiencias de trabajo con comunidades y escuelas campesinas, indígenas y negras me he enfrentado a preguntas sobre los elementos que funcionan y los que no, para que los niños y niñas del campo en toda su diversidad se mantengan estudiando hasta terminar el bachillerato, aprendan, y accedan a educación técnica o universitaria de calidad.

La agenda de reflexión sobre el proceso educativo rural y sus insumos es enorme. Por ejemplo, en una columna anterior hablábamos de cuatro factores: escuelas que pertenecen a sus comunidades; que cuentan con docentes estables, cuidados por sus empleadores, comprometidos y capacitados; en las que la presencia de actores externos no estatales apoya procesos autónomos de las instituciones educativas y donde se aplican métodos y currículos integrales y centrados en el contexto.

¿Hemos identificado esas escuelas en todo el país? En muy pocos casos. ¿Conocemos bien las que hemos estudiando? Solo en algunos aspectos. ¿Quién debe adelantar esos procesos de investigación? ¿Con qué método? Quizás lo mejor sería decir que muchos investigadores buenos.

Quienes tienen preguntas inteligentes sobre su cotidianidad y la observan con interés y método buscando verdades son quienes tienen éxito, porque se vuelven autónomos en su tarea educativa

Una propuesta es unir a tres sujetos y formar equipos con: maestros y jóvenes de las comunidades interesados en reflexionar sobre su experiencia; estudiantes de posgrado (y algunas veces de pregrado) con inquietud intelectual que se radiquen en las comunidades por algunos meses y académicos curtidos de distintos enfoques metodológicos que acompañen el ejercicio. Una vez esos equipos logren una pregunta pertinente y una idea de cómo observar la realidad para obtener conclusiones, serán maravillosos los ejemplos de escuelas y situaciones para sistematizar, comparar, analizar o medir.

El asunto es observar en comunidades rurales la motivación de estudiantes, familias y docentes, el aprendizaje, la didáctica, el desarrollo curricular y la gestión en las escuelas, asociados a distintas actividades de producción agrícola, de comprensión del entorno natural, de cambio social, de ejercicio cotidiano del poder o de recreación de la cultura. Un campo apasionante para la reflexión sistemática.

En Colombia se habla de autonomía en la educación todos los días y en todas partes. Pero la autonomía solo funciona cuando se ejerce con capacidad. Capacidad de una comunidad para organizar la educación de sus niños y jóvenes, de un docente en su aula o en su práctica con estudiantes y familias para organizar sus esfuerzos, de un equipo de educadores para trabajar colectivamente en pos de un proyecto educativo.

Y lo que he descubierto es que esa capacidad que lleva a la autonomía depende esencialmente de una actitud responsable y reflexiva de mejoramiento continuo de comunidades, educadores, instituciones y estudiantes. Y es allí donde investigar la propia realidad se convierte en una herramienta indispensable. Cada vez más me doy cuenta de que quienes tienen preguntas inteligentes sobre su cotidianidad y la observan con interés y método buscando verdades son quienes tienen éxito, porque se vuelven autónomos en su tarea educativa.

De otro lado, no necesitamos mucha ciencia para confirmar realidades obvias, como que si no hay escuela cerca o no llega el maestro y no hay transporte para ir a la próxima escuela, los niños van a desertar. O que los procesos que se sostienen en el tiempo son los que generan resultados. O que la educación rural necesita más recursos por estudiante que la urbana, por razones de geografía y demografía. O que si no hay oferta en zonas afectadas por el conflicto armado nos reinventaremos la guerra.

Pero como el Estado actúa contra el sentido común, allí cabe la pregunta ¿por qué los actores no toman decisiones racionales y resuelven tales obviedades? Temas para otro tipo de investigación, más que sobre la vida escolar, de economía política, de procesos decisionales y de gestión de políticas públicas. Una agenda de investigación que también se puede asociar a las realidades cotidianas de la escuela rural.

ÓSCAR SÁNCHEZ
* Coordinador nacional de Educapaz

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