Opinión

Inteligencias múltiples y desinteligencias tecnocráticas

La educación ya no puede seguir siendo poner los mismos textos en la cabeza de todo el mundo.

25 de mayo 2017 , 12:00 a.m.

Cuando uno lee libros viejos se da cuenta de que casi todas las innovaciones son reencauches. Howard Gardner es famoso por su teoría de las inteligencias múltiples que publicó en 1983. Por esa época el mundo comenzó a hablar de inteligencias lingüística, musical, logicomatemática, espacial, cinestésico-corporal e inteligencias personales (interpersonales e intrapersonales). O mejor dicho, comenzó a hacerlo desde la psicología educativa, porque la filosofía nos ha dicho por 25 siglos que los seres humanos somos multidimensionales y nuestro desarrollo tiene que ser integral. Aristóteles, por ejemplo, decía que no tiene sentido educar la mente sin educar el corazón.

En estos 35 años hemos pasado por bachillerato internacional, competencias del siglo XXI y muchas maneras de decir que la educación ya no puede seguir siendo poner los mismos textos escolares en la cabeza de todo el mundo.

Pero ni siglos de pensamiento universal, ni años recientes de propuestas de universidades influyentes (Gardner, por ejemplo, es profesor de Harvard) han bastado para que los sistemas educativos de países como Colombia se tomen en serio su papel en la formación en un currículo completo y una pedagogía flexible. Mientras los colegios de las clases medias y altas forman a los estudiantes reconociendo talentos y limitaciones y mezclando ámbitos de aplicación de las múltiples perspectivas de aprendizaje para lograr desarrollo completo de las personas desde sus peculiaridades, las escuelas del sector oficial en la mayor parte del mundo siguen recibiendo la instrucción de llenar la jornada escolar sin mayores variaciones frente a estándares rígidos y limitando el currículo a matemáticas y una o dos lenguas.

Y aunque ejemplos como los centros de interés de Bogotá aplicados en los programas de jornada completa y calificados por la Unesco como un “hito mundial” mostraron un camino para llevar a cientos de miles de chicos la posibilidad de aprender desde sus intereses y potencialidades, pareciera que el destino de los sectores populares es no ser reconocidos como seres diversos. 

Cada cultura, e incluso cada familia, cultiva de modo diferente los tipos de inteligencia, y cada individuo cuenta con herramientas innatas distintas

Una idea fascinante del planteamiento de Gardner es que cada cultura, e incluso cada familia, cultiva de modo diferente los tipos de inteligencia, y cada individuo cuenta con herramientas innatas distintas. De modo que si sabemos apoyarnos en una u otra inteligencia, se puede llegar a desarrollar integralmente a los seres humanos, reconociéndolos como sujetos, desde sus intereses y contextos.

Decía el nuevo director de Colciencias, hace poco, para ilustrar el punto, que no se puede evaluar la capacidad física de un pez por su habilidad para trepar un árbol. El ejemplo de Gardner es cómo un niño que aprende en una escuela religiosa islámica, otro que es aprendiz en un barco y otro que estudia en un colegio urbano de París no pueden ser enseñados con las mismas herramientas, pero sí pueden aprender muchas cosas pertinentes a su contexto y compartir saberes universales, si se pretende algo más que ponerlos en las mismas tareas.

Otra idea importante de este debate es que la psicología llegó en su momento a rectificar el cociente intelectual (el famoso IQ), porque su evolución metodológica en la investigación experimental la llevó allí.

Pero la intención de reducir el valor de los seres humanos y su educación a ciertas habilidades de raciocinio y memorización es una simplificación en la que nadie cree hoy en día. Mucho menos, cuando los propios economistas obsesionados por la riqueza han descubierto que la competitividad viene de una educación integral. Ni qué decir de los economistas de escuelas del desarrollo humano, y por supuesto, de intelectuales las ciencias sociales como la antropología y la historia, capaces de entender desde siempre que las personas somos más que producción y consumo, y que en la diversidad está la esencia de la humanidad.

Por supuesto que modificar currículos, plantas docentes, facultades de educación, incentivos y sistemas de evaluación no es fácil y requiere acuerdos de la sociedad y recursos adicionales. Pero cuanto más nos demoremos en comenzar, más difícil será hacer los cambios inevitables.

ÓSCAR SÁNCHEZ

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