Opinión

Educación en casa y comunidades de crianza

La pregunta de hoy es si la escuela como institución moderna generalizada será perenne.

04 de mayo 2017 , 01:33 a.m.

Ir a la escuela es un derecho y una obligación en todo el mundo. Los ciudadanos del común concebimos la escolaridad, por razones que considero esenciales, como un bien obvio en una buena sociedad. Pero la escuela universal es un invento relativamente nuevo (tiene menos de 300 años), y siempre han existido otras maneras de educar. Cuando la educación no era masiva, los mandamases traían maestros a sus casas para que educaran a sus hijos. Y aún los monasterios en la Edad Media eran muy diferentes de las escuelas estandarizadas: allí cada estudiante armaba su propio currículo con el apoyo de sus tutores.

La pregunta de hoy es si la escuela como institución moderna generalizada será perenne. En países como el nuestro, donde el acceso a la educación sigue siendo un privilegio en muchos territorios, parece tonto preguntarse si es deseable que los chicos “vayan” a estudiar. Pero ojo…

En Estados Unidos la educación en casa se ha triplicado en los últimos 20 años. Hoy hay allí más de dos millones de chicos que no van a la escuela, según cifras oficiales, y cerca de tres millones, según cifras extraoficiales, lo que equivale al 5 por ciento de la población escolarizada entre 5 y 18 años. Y el fenómeno sigue creciendo. La India tiene dos millones y medio de chicos en educación en casa, y muchos países han tenido que ceder ante las leyes que obligan a la educación intramural.

Algunos países, incluida Colombia, tienen legislaciones ambiguas respecto a la educación en casa o en comunidades de crianza autogestionadas. Y por ejemplo en España, una sola asociación de procesos de educación sin escuela agrupa a más de 500 colectivos. Enfamilia, la Red Colombiana de Educación en Familia, es un ejemplo importante que reúne experiencias de este tipo en muchas regiones.

En Bogotá se llevó a cabo en el 2015 la Semana Internacional de las Educaciones Alternativas, posiblemente el encuentro más grande que se ha hecho en el tema en América Latina, y las redes internacionales, como Reevo y la HSLDA siguen evolucionando. ¿Por qué la gente quiere (y puede hacer realidad) este tipo de educación cada vez más?

En teoría, no existe mejor educación para un niño o niña que la que su familia escoja, y eso vale para la propia capacidad de elegir de los estudiantes a medida que van creciendo. Pero la teoría asume que los padres comprenden a sus hijos, que la educación que sueñan está disponible, y que los sueños de las familias coinciden con fines sociales básicos, como el respeto por los derechos humanos, el sentido de comunidad o la mínima equidad en las oportunidades de cada chico. Digamos que, bajo ciertos supuestos, una educación hecha a la medida de cada niño o niña y su familia es lo mejor. Y por eso las ideas de diversidad, inclusión y hasta personalización son muy sugerentes y se plantean constantemente como parte de los proyectos educativos.

No obstante, como en la práctica las escuelas que reconocen y respetan el valor de cada chico son escasas, si un chico tiene alguna condición especial por su cultura, su religión, sus opciones personales o una discapacidad, con frecuencia la casa es mejor para su bienestar y para su aprendizaje que la escuela. Y el carácter opresivo de muchos colegios hace que los chicos deserten o las familias los saquen del colegio.

Entretanto, las oportunidades que ofrece internet para acceder a contenidos educativos crecen cada día, y la información, que era lo que la enseñanza tradicional privilegiaba, se ha convertido en un bien omnipresente, que no requiere maestros ni escuelas.

Otro factor importante para hacer viable la educación en casa es la deslocalización de los lugares de trabajo, que hace que los padres cada vez más puedan ganarse la vida sin tener que ir a una oficina o a una fábrica. Además la pedagogía va por el camino de romper las aulas. La motivación y el descubrimiento, que son procesos relativos a las circunstancias, son cada vez más importante para el aprendizaje, y el reconocimiento de las oportunidades de aprendizaje que ofrecen la realidad y el entorno urbano o rural, si se aplican dispositivos pedagógicos a las vivencias cotidianas, es imparable.

No creo que los padres sean los únicos responsables de fijar lo deseable para sus hijos. Creo que la familia, la sociedad y el Estado son corresponsables de la educación, como bien lo postula nuestra Constitución. Y sobre todo, entiendo que la buena educación en casa o en comunidades de crianza exige familias comprometidas, con tiempo con condiciones logísticas y con apoyo externo, lo cual hace que esta opción sea todo menos una alternativa general e inmediata a las buenas escuelas.

Las escuelas públicas de calidad y los Estados que fijan criterios curriculares, pedagógicos y de gestión para quien ofrezca el servicio educativo han sido la base para construir buenas sociedades a lo largo de los últimos dos siglos. Y ese sigue siendo el camino para Colombia. Pero las alternativas a la escolarización están creciendo muy rápido, y eso seguirá sucediendo, a menos que seamos capaces de transformar las relaciones de poder y dar un nuevo sentido a los contenidos y los métodos en las escuelas, haciendo que la motivación y la flexibilidad primen sobre la estandarización y la imposición.

Educar es cada vez más un asunto que rebasa lo sectorial. Es decir, que si bien un maestro profesional autónomo seguirá siendo el factor clave de un buen aprendizaje, ese maestro podrá cada vez menos trabajar solo, y eventualmente tendrá que aceptar que su labor es la de facilitar procesos guiados por los propios estudiantes y sus familias, que rara vez suceden en las cuatro paredes de su salón de clase.

ÓSCAR SÁNCHEZ
*Coordinador Nacional Educapaz
@OscarG_Sanchez

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