Opinión

Cualificaciones, conocimientos y competencias

Necesitamos una sociedad de personas a quienes se les reconoce lo que pueden hacer.

20 de julio 2017 , 12:00 a.m.

El que sabe sabe, dice la gente. Y eso se puede precisar técnicamente, si en el oficio artesanal, operativo, gerencial, técnico, artístico, comercial o lo que sea las personas logran los resultados que se requieren y demuestran la calidad de su trabajo.

La próxima semana será presentada la versión colombiana de lo que se conoce como un catálogo de cualificaciones profesionales. Se busca mejorar los procesos de formación que requieren los trabajadores del país, al definir en diferentes ramas de la actividad productiva, por ejemplo la industria de las TIC o agrícola y sus distintos subsectores, cuál es el estándar de competencias que una persona debe alcanzar para contar con un determinado título, independientemente de la institución en la que se estudie, o incluso si esas capacidades se han adquirido en la práctica sin pasar por una institución educativa, pero se pueden demostrar.

Precisar esos estándares de competencias laborales ha sido un trabajo arduo de distintas instituciones colombianas. En particular el Sena analiza lo que necesitan los sectores y lo que ofrece el mundo de la educación para definir funciones productivas y perfiles ocupacionales, coordina mesas sectoriales con los ámbitos empresarial, gubernamental y educativo y expide normas (parámetros estandarizados) que deben seguir el propio Sena en los currículos para sus aprendices y quienes hacen formación laboral en los puestos de trabajo y en instituciones educativas privadas y públicas.

En Colombia, no hay un mecanismo para que una persona pueda reunir sus estudios académicos, su experiencia en el lugar de trabajo y su formación por competencias laborales, sumarlos y certificarlos

Es un asunto importante, porque necesitamos una sociedad de personas a quienes se les reconozca lo que pueden hacer. En la práctica, en Colombia, no hay un mecanismo para que una persona pueda reunir sus estudios académicos, su experiencia en el lugar de trabajo y su formación por competencias laborales, sumarlos y certificarlos. En el mundo, cada vez más a la hora de ganarse la vida, se reconoce un nivel de competencias y de ese modo se remunera a las personas y se les valora profesional y socialmente. Aquí no.

Un problema que ha enfrentado la tarea es el de coordinar a las instituciones de educación superior (universidades, instituciones universitarias e institutos tecnológicos), a las instituciones de la llamada formación para el trabajo y el desarrollo humano y al Sena. En alguna oportunidad Bogotá hizo esfuerzos enormes para que los estudiantes de educación media pudieran adelantar estudios técnicos y superiores desde el colegio, y fue relativamente fácil hacer que buenas instituciones llegaran a los colegios, pero casi imposible que trataran con flexibilidad la homologación de cualificaciones entre ellas (y a veces incluso entre dependencias de una misma institución).

Los educadores en el hacer le echan la culpa al academicismo de las universidades. Las universidades suelen decir que el Sena no quiere homologar sus cursos con nadie. Las instituciones con acreditación dicen que hay muchas instituciones que no pueden garantizar calidad. Las instituciones del Estado dicen que las privadas esto y las privadas, que las públicas aquello. Los empleadores mantienen barreras muy altas entre el mundo profesional y el técnico en sus plantas de personal, a pesar de que el mundo va hacia la convergencia de capacidades como la innovación y el trabajo en equipo. Y todos tienen razones burocráticas o conceptuales para el recelo y la autarquía. Quizás buenas razones. Pero los perjudicados son los estudiantes y trabajadores que con esfuerzo mejoran cada día y nadie les facilita progresar en su vida laboral o exigir el ingreso que se merecen por lo que saben hacer.

Esperemos que este nuevo intento del Gobierno al crear los catálogos que describen cualificaciones haga que las ideas de ocupaciones, competencias, funciones productivas, perfiles ocupacionales, créditos, asignaturas y demás dejen de ser barreras de la jerga técnica y se conviertan en oportunidades concretas para la gente.

ÓSCAR SÁNCHEZ
*Coordinador Nacional Educapaz

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