Opinión

Santidad, por aquí a la orden

Todo el mundo está que ofrece algo para abaratar los costos la estadía de Francisco en Locombia.

13 de marzo 2017 , 10:00 p.m.

Papa Francisco, salud.

Todo el mundo está que ofrece algo para abaratar los costos de su estadía en Locombia. Yo también estoy dispuesto a aportar. No le digo que le ofrezco posada en mi apartamento de Medellín porque la pensión no alcanzaría. Hablaríamos en caso de necesidad. Donde comen dos, comen tres.

Para alborotarle la tripa tanguera, le tengo el bar Málaga, el Homero Manzi (¿lo recuerda, el de Malena?) o el Patio del Tango, donde los hermanos Carolina y Luis Ovidio Ramírez están listos para interpretar 'Caminito' o 'Nada', que no sé por qué asociación de ideas me recuerda el 'Ne me quitte pas', del belga Brel.

De pronto saca tiempito para ir a la Casa Gardeliana, en Manrique, el Vaticano del tango. En Manrique, todos los días son 11 de diciembre y 24 de junio, días del nacimiento y la muerte de Gardel. Si le queda tiempo, podríamos darnos una rodadita por el bar Alaska, donde se oye tango ventiado. (Santidad, están a punto de convertir ese bar en panadería, dentro de la ‘panificación de las esquinas’ que está en marcha en Medellín. ¡Ayuda!).

Le recuerdo una anécdota de Borges, su paisano. Se la oí a Beatriz Cuberos de Valencia, primera dama de Medellín, en la alcaldía del poeta del pesimismo Jorge Valencia Jaramillo. Cuando Borges se aproximaba al aeropuerto Olaya Herrera, donde murió Gardel, el memorioso comentó: “Si muero en otro accidente aéreo, seré famoso como Gardel”.

¿Desea montar en una nostalgia? Dígame no más, para prepararle tour en el tranvía de Ayacucho. Por ahí derecho volamos en Metrocable a La Sierra, y matamos dos pájaros de una vez. Podríamos disfrutar de un día de playa en el teatro Pablo Tobón Uribe. Tiene fantasma propio. Ya hablé con su director, Sergio Restrepo. Está listo.

Con los padres benedictinos cuadraría una visitica a La Catedral, de Envigado. Podría exorcizarla. Fue prisión de oro del narco Pablo Escobar; ahora es pacífico asilo y oratorio.

Si desea, disfrazado de hincha de San Lorenzo, podríamos ir a orar al cerro El Gordo, al oriente de Medellín, donde se estrelló el avión con el equipo Chapecoense. No es por chicanear, che Francisco, pero la tragedia generó el mayor sentimiento de solidaridad jamás visto.

Hable no más. Con confianza, para empezar a mover hilos.

ÓSCAR DOMÍNGUEZ GIRALDO

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