Opinión

La vaca, poema de piedad

Cómo no voy a estar agradecido con “el líquido perlático de la consorte del toro”.

20 de junio 2017 , 12:37 a.m.

No solo tengo alborotado el complejo de Edipo. También me acompaña el complejo de Mariposa. Así se llamaba la vaca bajo cuyas tetas nos bañaban de bebés para que creciéramos sanos. Luego nos empacaban la “postrera” para completar la dieta láctea.

Desde entonces, mi salud ha sido tan buena que sospecho que tendré que morir aliviado. Me visitó un cáncer, sí, pero sobreviví gracias a los médicos de Colsánitas que, bisturí en mano, pusieron orden en la sala.

La reciente celebración del día mundial de la leche activó el espejo retrovisor de mis nostalgias y apareció Mariposa. Pensando en ella parece hecha la definición que acuñó ese pacifista con taparrabos llamado Gandhi: “La vaca es un poema de piedad; uno lee la piedad en tan dócil animal”.

“Para mí, la vaca significa todo el mundo subhumano que extiende sus simpatías al hombre, más allá de su propia especie... La vaca, en la India, era el mejor símbolo; ella era la dadora de la abundancia”, resumió el apóstol de la no violencia. El Mahatma, reencarnado en humorista, les recomendaba a los visitantes de su ‘asram’ aceite de toronja para espantar los mosquitos.

Como el respeto por los animales es proverbial en India, sospecho que para matar un zancudo hay que llevarlo hasta la frontera para darle allí el aplauso final.

En el barrio donde vivíamos, los distribuidores de leche dejaban las estéticas botellas a la entrada de las casas. Allí permanecían hasta que los dueños las retiraban. No se perdía una gota. Una gota de leche bastaba para definir la ingenuidad, pero sobre todo la integridad de una época.

Cómo no voy a estar agradecido con “el líquido perlático de la consorte del toro” si también me permitió ganar los primeros denarios. Como mensajero estrella, era el encargado de llevarla a las casas. Así financiaba el matinal doble del domingo. Y el mecato.

A espaldas de estos “poemas de piedad”, ahora venden la leche deslactosada, descremada, semidescremada y ultrapasteurizada, lo último.

Parece que la llamada leche entera es lo más parecido a la de Mariposa, para quien va un saludo como en los vallenatos. Sin cobrar la mención...

ÓSCAR DOMÍNGUEZ GIRALDO

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