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Actualizado 07:11 a.m. - viernes 18 de abril de 2014

Opinión 10:41 p.m.

¿Democracia participativa?

¿Democracia participativa?

Churchill dijo en 1947 que la democracia es el peor de los sistemas de gobierno, con excepción de todos los demás que se han probado. Desde entonces ha corrido agua debajo de los puentes (en los ríos que no se han secado), y una percepción que se está estableciendo es que la democracia representativa ha hecho crisis y es necesaria una nueva: la democracia participativa. Ella está como mandato en algunas constituciones, incluida la nuestra del 91. Sin embargo, parece que aún no se ha inventado del todo.

Hay pocos ejemplos de democracia participativa en los que la participación funciona sin vulnerar la democracia. Uno muy interesante, curiosamente, tiene que ver con la ciencia y la tecnología: las ‘conferencias de consenso’ danesas sobre innovaciones tecnológicas que influyen en la vida de los ciudadanos.

El parlamento danés estableció el Consejo de Tecnología como su cuerpo consultor. Este consejo ha venido desarrollando y proponiendo mecanismos para lograr la participación de la ciudadanía en decisiones críticas. Uno de ellos es el de las conferencias, en las cuales participan técnicos, políticos y ciudadanos. Estos últimos están representados en un panel pequeño (de 14 a 24 miembros), escogido (de forma que se cubren diferentes grupos por proveniencia social, género y ocupación) entre 2.000 ciudadanos, que se auto-proponen. El panel tiene obligaciones similares a las de un jurado de conciencia.

Antes del proceso, el panel recibe ilustración del problema, con materiales escritos y conferencias técnicas de diferentes posiciones. Esta fase culmina con un primer consenso, que reúne las preguntas claves que decidieron abordar. Esas preguntas son entregadas a los expertos, quienes deben tratar de aclararlas. En dos días de deliberación, el panel llega a su segundo y gran consenso, que es una recomendación única. Las reglas de juego excluyen posiciones ambiguas y recomendaciones inanes. Tienen que tomar una posición. Las recomendaciones pueden ser discutidas, aclaradas u objetadas por expertos y políticos, pero el panel no está obligado a introducir modificaciones.

Se han discutido temas de gran importancia para la sociedad, como el uso de la irradiación para la conservación de alimentos, la utilización de la información sobre los genes de los individuos, el valor de las evaluaciones de riesgo en introducción de tecnologías radicalmente novedosas (como las de plantas transgénicas), el consumo sostenible, la biblioteca del futuro, la educación del futuro, la vigilancia electrónica y otros.

El sistema exige que los ciudadanos hagan un esfuerzo para superar sus intereses personales, y que los técnicos y constructores de política reconozcan la buena voluntad y seriedad del panel. Es claro que las recomendaciones no deben ser acogidas obligatoriamente, pero deben ser consideradas seriamente. De hecho, la mayoría se ha visto reflejada finalmente en leyes y políticas.

Contrasta con sistemas participativos como las caóticas asambleas, en las que se pretende que un grupo espontáneo, no representativo, sin identificación individual y sin quórum, tome decisiones “vinculantes” (de obligatorio cumplimiento), muchas veces influidas por presiones, y que generan una situación en la que un cuerpo decide y otro es el que debe asumir la responsabilidad. En otros regímenes, la participación se da por ‘asambleas populares’, que ratifican disciplinadamente, con mayorías del 99 por ciento, decisiones previamente tomadas por la cúpula.

Para que un mecanismo sea democrático, no basta con bautizarlo así. La democracia participativa bien estructurada puede enriquecer las políticas con reflexiones y opiniones diversas. Mal concebida, es uno de esos caminos bellamente empedrados que conducen al infierno del autoritarismo y la manipulación.

Moisés Wasserman
Profesor emérito U. N.
@mwassermannl

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