Opinión

Nobel para el reloj

Pocas cosas van a ser tan útiles como este conocimiento, que a algunos les puede parecer inútil.

03 de noviembre 2017 , 12:00 a.m.

Todo el mundo está convencido de que sabe qué es el tiempo hasta que le piden definirlo. Ahí empieza el tartamudeo y, finalmente, el reconocimiento de que, en realidad, ni idea. El tiempo ha sido motivo de pensamiento de los filósofos desde siempre.

Para Kant es “una representación necesaria que subyace en todas nuestras intuiciones”. Para complicar las cosas, Einstein nos dice que lo que existe es algo que denominamos espacio-tiempo, y ya los físicos demostraron que el tiempo se mueve más lento para un reloj en movimiento y que cerca de objetos masivos, como las estrellas de neutrones, se hace mucho más lento.

Pero, a pesar de que tengamos problemas para definirlo, nosotros, animales que habitamos la Tierra, lo sentimos. Así, nos da sueño de noche y hambre al mediodía, nuestras hormonas suben y bajan, la presión arterial y el metabolismo, también; todo a horas determinadas y muy bien planificadas. Nosotros evolucionamos para funcionar al ritmo de los giros de la Tierra, que cada 24 horas producen el día y la noche.

En el futuro va a ser imposible proponer fármacos, tratamientos, actividades deportivas o cualquier intervención sin tener en cuenta estos genes de la Drosophila.

El Nobel en Fisiología y Medicina de este año lo recibieron Jeffrey Hall, Michael Rosbash y Michael Young por la elucidación del mecanismo que mueve ese reloj. El modelo que usaron en su investigación fue la mosca de la fruta, Drosophila melanogaster. Desde principios del siglo XX, ella fue muy útil para el desarrollo de la genética. Se habían acumulado cientos de mutantes con diferentes características.
Por los años setenta, uno de los patriarcas de la genética clásica, S. Benzer, reportó tres mutantes extraños que parecían tener sus relojes dañados. El tiempo normal de eclosión de ese insecto –el adulto emergiendo de la pupa– es de unas 24 horas, y de estos tres, uno lo estaba haciendo en 19 horas, otro en 28 y el tercero era totalmente arrítmico.

En los años siguientes se acumularon mutantes que presentaban, además de esas anormalidades, otras como actividades de vuelo extremas y a deshora, arritmias cardíacas y cambios en la frecuencia del zumbido que usa el macho cuando corteja a la hembra. Todos estos errores genéticos se pudieron mapear en un mismo gen, en el cromosoma X.

Hall y Rosbash, por un lado, y Young, por otro, identificaron y clonaron el gen responsable y publicaron sus resultados simultáneamente en 1984. Llamaron al gen ‘per’, por periodo; pudieron secuenciarlo, localizar en él los distintos mutantes y medir su expresión. Es decir, la cantidad de ARN mensajero y de proteína (el producto final) en las células. Mostraron entonces que este gen acumulaba en la célula la proteína que codificaba durante la noche, para llegar a un máximo nivel durante el día, y luego ella se degradaba para retornar al nivel inicial al comenzar la noche siguiente.

Young descubrió otro gen asociado, al cual llamó ‘tim’ (por timeless o eterno), que producía en forma permanente otra proteína que se unía al producto de ‘per’ y lo transportaba al núcleo, donde los dos apagaban la producción del mismo ‘per’. Es decir, se generaba un oscilador parecido al péndulo de cualquier reloj. Cuando el nivel sube se apaga y cuando baja, como consecuencia de esto, se prende nuevamente. Por supuesto, con el tiempo se adicionaron muchos más elementos para dar una imagen completa y compleja de todas las piezas del reloj.

Quienes siempre buscan aplicaciones se preguntarán qué producto salió de esto. La respuesta es que tal vez ninguno, pero que tiene que ver con todo. En el futuro va a ser imposible proponer fármacos, tratamientos, actividades deportivas o cualquier intervención sin tener en cuenta estos genes de la Drosophila, que se conservan, casi iguales, en todas las especies animales y vegetales del planeta. Pocas cosas van a ser tan útiles como este conocimiento, que a algunos les puede parecer inútil.

MOISÉS WASSERMAN

Estadounidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young ganan Premio Nobel de Medicina

Estadounidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young ganan Premio Nobel de Medicina

Foto:

Jonathan NACKSTRAND / AFP

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