Opinión

Inteligencia artificial y ¿moral artificial?

Es de comprender que el programa siempre funcionará con los limitantes que introduzca su programador

01 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

La discusión sobre la inteligencia artificial (IA) está candente, pero no es nueva. El cine la ha usado como tema, con algo de terror. En '2001: odisea del espacio', de Stanley Kubrick, el computador inteligente Hal 9000, que gobierna una nave hacia Júpiter con cinco tripulantes (tres en hibernación), desarrolla un plan diabólico para tomársela. Asesina a uno de los dos tripulantes que había salido a arreglar un falso daño, y cuando el otro va a rescatarlo asesina a los otros tres. Finalmente, el sobreviviente logra entrar a la nave y desconecta las tarjetas de memoria mientras el computador implora piedad y pierde, una a una, sus funciones cognitivas.

Alan Turing predijo que habría inteligencia artificial cuando alguien, a ciegas, no pudiera distinguir si estaba hablando con un computador o con otro humano. Hace poco vimos a Raj Koothrappali en 'The Big Bang Theory' enamorarse de Siri (la voz del iPhone), y en la película 'Ella' vimos a un soltero de 35 años que se enamora del sistema operativo de su computador.

Desde que John McCarthy se inventó el término, en 1956, ha habido desarrollos y se han manifestado expertos y pensadores a favor y en contra. Recientemente lo hicieron Elon Musk, dueño de Tesla y promotor de los autos sin conductor, y Mark Zuckerberg, dueño de Facebook y quien adquirió la compañía de IA Meta, con el objetivo de curar enfermedades, conectar a las personas y mejorar las comunidades.

Musk ve un futuro apocalíptico parecido al que prometía Hal 9000 (aunque su compañía de autos inteligentes prevé que los accidentes se acabarán el día que no haya más conductores humanos). Zuckerberg es optimista y predice potencialidades como el cambio de la medicina con computadores que diagnostiquen precisamente y robots que hagan cirugías muy precisas.

Es razonable suponer que en paralelo con la IA se desarrollará una moral artificial que, adicionalmente, será incapaz de decirse mentiras a sí misma (lo que nosotros sí sabemos hacer muy bien)

Steven Pinker nos hace un llamado a preocuparnos por el cambio climático, por la amenaza nuclear, por los patógenos resistentes a los antibióticos y por movimientos neofascistas, pero no por una IA que supuestamente nos vaya a esclavizar. El fundador de Coursera (compañía que promueve cursos virtuales gratuitos) compara esa preocupación con la que tendríamos por una futura superpoblación de Marte. En cambio, Stephen Hawking alerta por el riesgo de que se desplace gran parte del trabajo humano y se generen conflictos sociales no vistos.

La IA es un agente que percibe su entorno y lleva a cabo acciones que maximizan las posibilidades de éxito gracias a su información, a su capacidad de aprender por sí misma y al uso de una lógica formal análoga al pensamiento humano. En realidad, la IA ya está con nosotros. En 1997, Gari Kaspárov perdió una partida de ajedrez contra el computador Deep Blue y en 2016, un programa le ganó cinco a cero al triple campeón europeo de Go.

Los temores sobre la ‘moralidad’ del computador son justificados, pero hay que comprender que el programa siempre funcionará con los limitantes que le introduzca su programador. Si estos son los mismos a los que ha llegado la humanidad (digamos, los contenidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos), es razonable suponer que en paralelo con la IA se desarrollará una moral artificial que, adicionalmente, será incapaz de decirse mentiras a sí misma (lo que nosotros sí sabemos hacer muy bien).

El temor a la desocupación y a que nos quedemos sin oficio me parece equivocado. Si la IA asume tareas repetitivas y aburridoras y si ayuda a proporcionar alimentación, energía y abrigo para todos, nos dejará con total libertad para jugar, imaginar y crear. Sería tal vez un regreso a las cavernas, donde una población de humanos con refugio y suficiente leña y alimentos para pasar el invierno se puso a dibujar en las paredes.

MOISÉS WASSERMAN

Robot toca piano

El robot "Teo Tronico" toca el piano y canta canciones populares en la Conferencia Mundial de Robótica de 2017 en China.

Foto:

Reuters

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