Opinión

¿A qué clase media pertenece usted?

La clase media de los países emergentes está más esperanzada que nunca.

12 de marzo 2017 , 02:07 a.m.

Hace 7 años escribí: “La principal fuente de los conflictos venideros no van a ser los choques entre civilizaciones, sino las expectativas frustradas de las clases medias que declinan en los países ricos y crecen en los pobres”.

Mi argumento en ese entonces —y que se ha confirmado— es que las clases medias en EE. UU., Europa y otras naciones de mayores ingresos verían declinar su estándar de vida, mientras que en China, Turquía, Colombia y otros países emergentes la situación económica de los más pobres mejoraba.

En ese mismo artículo señalé que tanto el aumento como la disminución de los ingresos generan expectativas que alimentan la inestabilidad social y política. La sorpresa, por supuesto, es que el aumento de los ingresos de la gente en los países pobres sea fuente de inestabilidad. Más abajo vuelvo sobre esta paradoja.

En mi artículo del 2011 también alerté que, “inevitablemente, algunos políticos en los países avanzados aprovecharán este descontento para culpar del deterioro económico al auge de otras naciones. Y finalicé pronosticando: “Las consecuencias internacionales (de este choque de clases) aún no son obvias. Pero lo serán”.

Bueno… lamentablemente, ya lo son.

En estos tiempos de ‘brexit’, Donald Trump, Marine Le Pen, Geerd Wilders, Podemos y otras sorpresas políticas, proliferan análisis que intentan descifrar las fuerzas que nutren ‘La Gran Furia’, ese profundo descontento que lleva a los votantes a escoger a quien sea con tal de que no se parezca ‘a los de antes’. La globalización, la inmigración, la automatización, la

desigualdad, el nacionalismo y el racismo son algunas de las causas que más se mencionan para explicar ‘La Gran Furia’. Pero me ha llamado la atención que los análisis no incluyen en su explicación lo que sucede hoy en Asia, América Latina o África. Una vez más, la narrativa dominante trata como si fuera mundial un fenómeno regional que ocurre principalmente en Norteamérica y el Viejo Continente. Los análisis ignoran que la clase media, esa que en Europa y EE. UU está luchando para no perder su preeminencia económica, social y política, está en pleno apogeo en el resto del mundo. Para una familia en India que por primera vez tiene ingresos que le permiten tener medicinas, casa, coche, televisión, teléfonos inteligentes y algo de ahorros, la defensa de la supremacía blanca que en EE. UU. motivó a muchos a votar por Donald Trump resulta ininteligible.

El ‘boom’ de la clase media en países pobres es la principal revelación de un importante estudio que acaba de publicar Homi Kharas, uno de los más respetados estudiosos de las clases medias del mundo. Sus cálculos indican que hoy, 3.200 millones de personas forman parte de la clase media global, es decir, el 42 % de la población total. Para estos cálculos, investigadores e instituciones como el Banco Mundial definen como clase media a personas con ingresos diarios de entre 11 y 110 dólares al día.

La clase media ha venido creciendo rápidamente, pero a diferentes ritmos. Mientras que en EE. UU., Europa y Japón crece anualmente al 0,5 %, en China e India aumenta 6 % cada año.

Globalmente, la clase media aumenta 160 millones de personas al año, y de seguir a este ritmo, en pocos años, la mayoría de la humanidad vivirá, por primera vez en la historia, en hogares de clase media o más. Si bien las clases medias son hoy más numerosas que nunca en países como Nigeria, Senegal, Perú o Chile, su expansión es un fenómeno primordialmente asiático. Según Kharas, la abrumadora mayoría (¡el 88 %!) de las mil

millones de personas que formarán parte de la clase media que aparecerá en los próximos años vivirán en Asia.

El impacto económico de todo esto es enorme. El consumo de la clase media en países de menores ingresos crece al 4 % anual, y ya equivale a un tercio del total de la economía global.

Naturalmente, los cambios que está experimentando esa clase social tienen importantes consecuencias políticas. En Europa y EE. UU., estas consecuencias ya las vemos en los resultados de las elecciones, los referendos y en la proliferación de improbables candidatos que promueven inéditas agendas. En los países de menores ingresos también crecen rápidamente las expectativas y exigencias. Estos nuevos protagonistas sociales más tecnológicamente conectados, con más poder adquisitivo, más educación, más información y más conciencia de sus derechos, son una fuente de inmensas presiones sobre gobiernos que no tienen la capacidad de satisfacer esas expectativas.

La clase media de los países ricos se siente amenazada y va a exigir a sus gobiernos acciones y resultados que mantengan sus estándares de vida históricos. Al mismo tiempo, la de los países emergentes está más esperanzada que nunca y luchará para que su progreso continúe.

Como ya lo estamos viendo, estas divergentes agendas políticas son el origen de importantes fricciones internacionales. Y lo seguirán siendo.

MOISÉS NAÍM
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