Opinión

La visita

La grandeza y la humildad del Papa resaltaron aún más la bajeza y arrogancia de nuestros ‘líderes’.

12 de septiembre 2017 , 12:00 a.m.

Lo que sabemos de Sócrates se lo debemos a Platón, su seguidor y a la vez maestro de Aristóteles. Lo que conocemos de Jesucristo es gracias a sus discípulos Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Probablemente ninguno de ellos lo conoció personalmente, no hay certeza respecto a ello. Sin embargo, indudablemente transmitieron el mensaje de aquel de cuya vida poco sabemos. 

No creo en Dios y aún menos en la Iglesia católica, pues me es imposible pensar que haya un creador del universo que tenga un representante en la Tierra y por innumerables razones que no cabe listar en este espacio. Sin embargo, debo admitir que me impactó favorablemente la visita que hizo a nuestro país el papa Francisco. Un líder discreto, directo, coherente con la filosofía de su religión y cercano no a los manoseadores políticos, sino a aquellos que lo necesitan.

No es fácil entrar en los vericuetos que me planteo en este momento si, como ya lo dije, no creo en la Iglesia católica y mucho menos en las denominadas cristianas, y nada que decir sobre las demás; debo reconocer que la visita del Papa, si bien no me reconcilia con la Iglesia, sí con su liderazgo, del Papa, aclaro. Como bien lo dice Alfredo Molano: “Bondadoso, alegre, atento e inteligente” y, agrega, “confieso que me emocionó sentir de lejos su humanidad. Su carisma transmite la poderosa energía que la atención de medio mundo pone sobre él”.

La grandeza y la humildad del Papa hicieron resaltar aún más la bajeza y arrogancia de nuestros ‘líderes’, tanto políticos como religiosos. El discurso –más bien diría la narrativa– del Papa estuvo lejos de la grandilocuencia, y fue su sencillez la que le llegó a tanta gente. Así mismo, impresionaron su incansable trabajo y movilidad, como también las multitudes que convocó y su civilidad generalizada.

La Biblia, ese libro de libros, escrito en diversos idiomas, épocas y circunstancias, y que todo el mundo cita sin conocerlo, ese libro en el que se apoyan diversas religiones que se detestan en buena cantidad de ocasiones (luteranos, católicos, judíos, cristianos y otras tantas más) es, a mi parecer, imposible de interpretar en su primera parte, el Viejo Testamento; sin embargo, el Nuevo Testamento, también lleno de ambigüedades, ha sido coherentemente llevado a la acción por el obispo de Roma actual.

MAURICIO POMBO

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