Opinión

Annie la huerfanita y el derecho a la felicidad

La tragedia de esta niña abandonada nos invita a pensar en la universalidad del maltrato infantil.

25 de mayo 2017 , 12:00 a.m.

'Annie la huerfanita' cerró con broche de oro su última función en el Teatro Colsubsidio. Una celebración en homenaje a los niños, con motivo de 30 años de actividad en teatro musical del proyecto cultural Misi Producciones.

Gran aplauso merece esta puesta en escena por la alta calidad con la que fue tejida por 39 actores, con el apoyo de algunos miembros de la Orquesta Filarmónica Joven de Colombia, bajo una dirección escénica excelente de Diego León Hoyos y una joven promesa en la dirección de orquesta: Leonardo Palacios.

Coreografía ágil, vestuario refinado, hermosa escenografía, apropiada iluminación y un eficiente libreto musical en español hicieron las delicias del público. Los personajes de la borracha y abusadora Hannigan, directora del orfanato; el multimillonario Warbucks, de buen corazón, y el presidente Roosevelt, actuados por Yaneth Waldmann, Jorge Cao y Juan Mondragón, respectivamente, fueron sobresalientes y muy aplaudidos. Y los demás, en su conjunto, nos llenaron de alegría.

La tragedia de la niña dejada en un orfanato no es algo trivial entre nosotros, porque nos invita a pensar en la universalidad del maltrato infantil, en la corrupción alrededor de la nutrición de los niños, en la necesidad de destinar recursos suficientes para su bienestar y en la toma de conciencia sobre la gravedad del abandono infantil que las más altas autoridades deben tener, incluida la adopción.
Porque son estas las tristezas, retos y alegrías que argumentan la vida de Annie, bien protagonizada por Carlota López , que, con su canto, propone el mañana como la esperanza en “un futuro mejor en el que todos podamos caber”. Y no hay nada banal en todo ello.

Que un público conformado en su mayoría por padres, madres, abuelos y nietos aplauda de pie, al final del espectáculo, produce la romántica ilusión de que cuando el arte toca el alma, se abre la puerta de la sensibilidad hacia lo bello. Y esta vivencia es indispensable para afirmarnos como personas en nuestro innegable derecho a la felicidad, suma de todos los derechos humanos, incluido el derecho a la cultura.

El excelente trabajo artístico demostrado por Misi con sus producciones musicales tendría que traducirse, después de treinta años de labor sin interrupción, en el reconocimiento de esta propuesta cultural como parte integrante del patrimonio cultural inmaterial de los colombianos y, por lo tanto, merecedora del apoyo financiero estatal, de lo que hasta el momento ha recibido poco y nada.

Es necesario que las familias, los colegios y quienes lideran la política en nuestro país amplíen su visión para que en el largo andar los colombianos del futuro crezcan con su sensibilidad educada.

Esto es lo que hace Misi Producciones con los niños y las niñas en escena, y con los que forman parte del público: nace entre ellos una relación de respeto y aplauso al identificarse con los personajes, reconocer las capacidades creativas e intentar buscar las propias. Falta aceptar que el arte es un vehículo excelente de contribución a la transformación social y que la cultura, la creatividad y sus fuerzas intrínsecas tienen mucho que decir en esta época del posconflicto.

Así, tal vez “mañana” –como lo canta Annie– lleguemos a ser mejores adultos. No perdamos la esperanza.

MARTHA SENN

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