Opinión

Perdomo, Procurador

La Corte Suprema ha desatendido, con la postulación de Perdomo, sus principios de transparencia.

11 de septiembre 2016 , 02:12 a.m.

Al Consejo de Estado le tomó más de tres años y medio anular la reelección del procurador Alejandro Ordóñez. No dudo de que mediaron motivaciones políticas, pues muchos querían quitarse esa piedra del zapato. La prueba es que un magistrado presentó ponencia a favor de Ordóñez, y quién sabe influido por quién, un buen día la cambió y la proyectó absolutamente al contrario.

Pero se supone que la sentencia, y eso quisiera creer, fue motivada por el fin altruista de sentar el precedente de que no seguirá admitiéndose en el sistema judicial que los altos cargos sean un surtidor de favores burocráticos para obtener apoyos electorales.

A la Corte Suprema de Justicia tuvo que haberle caído fuertemente este guante. Fueron sus propios magistrados los que no quisieron aceptar los impedimentos de colegas que tenían familiares trabajando en la Procuraduría a la hora de reelegir a Ordóñez. El mensaje del Consejo de Estado debería haber quedado claro: los magistrados no pueden devolver favores con su voto. No más “yo te elijo, tú me eliges”.

O eso creíamos. Porque no habían pasado 24 horas de la vacante de Ordóñez cuando, ¡zuas!, la Corte Suprema anunciaba, en tiempo récord, que su elegido para la terna de Procurador sería el recién salido exvicefiscal Jorge Perdomo.

El escogimiento de Néstor Humberto Martínez como Fiscal duró tres meses patinando en la Corte, algo tremendamente sospechoso por su lentitud, en medio de votos en blanco que aparecían y desaparecían. Y durante todo ese tiempo, el Vicefiscal despachó de titular y contrató y nombró y contrató y nombró. En comparación, la escogencia de Perdomo para la terna de Procurador no se tomó ni un día, algo igualmente sospechoso a lo de Martínez, pero por la rapidez.

Con esa decisión, la Corte Suprema de Justicia desafía a los colombianos. Perdomo fue segundo de a bordo de una Fiscalía supremamente cuestionada en todo sentido, por sus desmanes, excesos y bacanales de nombramientos y contratos, que comienzan a hacerse públicos, ahora bajo el capítulo del encargado; porque los contratos del titular, Montealegre, que favorecieron a muchos amigos que le prorrogaron su período y a la notable Springer von Schwarzenberg y sus inservibles algoritmos, ya habían sido fuertemente cuestionados por la opinión.

Según respuesta a un derecho de petición que presenté ante la Fiscalía, en solo cuatro meses (29/03/2016 al 31/07/2016), el Fiscal encargado hizo 816 nombramientos provisionales en cargos que devengan desde 5 millones hasta 25 millones de pesos. Y suscribió 105 contratos, por valor de 19.149’959.482 pesos, con objetos bastante indeterminados (varios con abogados externos), acerca de los cuales sería interesantísimo saber qué hay detrás y quién es el verdadero beneficiario. De uno sí se sabe: se trata de Juan Pablo Hinestroza Vélez, a quien Perdomo facilitó 620’809.338 pesos para estudiar durante dos años en el exterior, hasta el 2018. Tan rico.

El último día de su encargo, para poner un solo ejemplo, Perdomo comprometió 2.063’608.000 pesos en tres contratos. Uno de ellos consistió en mandar a 350 funcionarios de la Fiscalía a un congreso de dos días. Después de eso, Perdomo cerró la puerta de su oficina y se fue a aspirar a la Procuraduría.

Ah. Y un mes antes de que se le venciera su gabela, había mandado a blindar su apartamento a un costo de más de 70 millones de pesos, echando mano de los “gastos reservados”, un rubro que está legalmente destinado a pagar informes de inteligencia, recompensas y protección de testigos, pero no de funcionarios de la entidad, cuya protección debería provenir del presupuesto principal de la entidad.

Por eso, aunque duela, hay que decirlo claramente: la Corte Suprema ha desatendido, con esta postulación de Perdomo a Procurador, los principios de transparencia ética propios de sus funciones. Desvergonzada.

Entre tanto... ¿Cómo resistirse al iPhone 7, impermeable al agua, con más batería y mejores fotos, altavoces estéreo, aunque nos obliguen a comprar los Airpods? Hay que acostumbrarse: el futuro viene sin cables.

MARÍA ISABEL RUEDA

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