Opinión

Mechoneada presidencial

Se equivocan fuertemente nuestros presidentes creyendo que mechoneándose el país quedará vacunado.

05 de febrero 2017 , 01:15 a.m.

“En Colombia tenemos dos presidentes que están muy peleados”, respondió la hermosa candidata de Colombia, Andrea Tovar, en el concurso de Miss Universo. Su respuesta nada tenía que ver con la pregunta, y por eso es interesante la mención de esa pelea.

Quizás sea porque ha tomado unos niveles ya desesperantes. A medida que este Fiscal, que ha resultado un templado, destapa y destapa, y la enemistad entre Santos y Uribe ha ido evolucionando hacia la lucha desesperada por desmontarse del premio de cuál de los dos ha manejado el gobierno más corrupto.

Y aunque ni Santos ni Uribe se han robado un peso, no ha sido así en distintos niveles de sus gobiernos. Con base en ello han ido escalando su ya vieja pelea personal a unos niveles de acusaciones entre ellos y contra sus subalternos francamente inverosímiles.

Aunque aquí hay un escenario curioso: casi todos los motivos de los actuales escándalos han tenido un desarrollo continuado; en muchos aspectos es como si se tratara de cosas que ocurrieron en un mismo gobierno, pero bajo dos presidentes distintos.

Por ejemplo, Reficar. Pasaron dos gobiernos de Uribe y uno de Santos entre su adjudicación y su ejecución financiera. Al ponerse por fin en funcionamiento, el presidente Santos inauguró la planta con bombos y platillos el 21 de octubre del 2015, presentándola orgullosamente como la más importante empresa para la generación de ingresos de Ecopetrol y la competitividad del país. Pero, al poco tiempo, el contralor Maya salió a denunciar que Reficar, por el contrario, era un monumento escandaloso a los sobrecostos, y que estos se habían duplicado por falta de controles, que no operaron. Santos salió corriendo a decir que el pecado original de las denuncias del Contralor sobre despilfarro había que buscarlo en el gobierno Uribe (del cual él mismo fue ministro). Por su parte, Uribe reviró diciendo que no entendía cómo este gobierno inauguraba como suya una obra que el Presidente aceptaba construida en pecado original.

Ahora viene Odebrecht. Y nuevamente los presidentes Santos y Uribe están en la pelea de ver cuál de los dos logra quedar como el menos culpable de que esa empresa se hubiera instalado en Colombia y con sus ramificaciones corruptas, se hiciera adjudicar proyectos con sobornos, asesorara y financiara campañas presidenciales y políticas.

El gobierno Santos dice que todo ocurrió en la Ruta del Sol 2, bajo el gobierno Uribe, y Uribe dice que fue en la rehabilitación del río Magdalena, en el gobierno Santos.

Y en medio de todo esto, desde Brasil se filtra información de que Odebrecht incluso financió la campaña presidencial del más importante alfil del uribismo, Óscar Iván Zuluaga. Uribe resuelve enviar entonces el tema de Óscar Iván al comité de ética del Centro Democrático. ¿Por qué? Creo que ante la posibilidad, perfectamente factible, de que haya capítulo Odebrecht en la financiación de la campaña de reelección de Santos, que no conocemos aún, Uribe querrá tener libertad de revirar. Falta saber qué dice el exparlamentario Otto Bula.

En esta pelea penosa entre presidentes no hay armas que no se hayan utilizado. Hasta a los hijos. Santos con frecuencia tuitea sobre los suyos como ejemplo de lo que jamás harían, a diferencia, sin mencionarlos, de los hijos de Uribe.

Uribe, que no es manco, decidió emprenderla entonces contra las hijas políticas de Santos, las dos mujeres más brillantes y cercanas a su gobierno hasta hace muy pocos meses, las ministras Parody y Álvarez, para acusarlas de inhabilidades por culpa de Odebrecht en un negocio familiar.

¿Cómo puede tener credibilidad una cruzada de este estilo contra la corrupción? ¿Cómo se pueden tomar en serio estas acusaciones de unos contra otros si no están inspiradas en el altruismo de los presidentes, sino en una feroz pelea personal que no le hace ningún bien al país?

Se equivocan fuertemente nuestros presidentes creyendo que mechoneándose y lanzándose acusaciones sin fundamento probatorio a diestra y siniestra entre ellos, y contra sus subalternos, el país quedará vacunado contra la metástasis que estamos viviendo.

Entre tanto... ¿Nadie del Gobierno o la Cancillería va a salir a defender al Vicepresidente del insulto de Diosdado Cabello contra su señor padre?

MARÍA ISABEL RUEDA

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