Opinión

Lo que da la tierra

La narcoabuelita, suegra de la esposa del fiscal anticorrupción-corrupto, no se pudo defender.

09 de julio 2017 , 02:15 a.m.

Nuestra capacidad de asombro está en desafío máximo.

Entender, por ejemplo, que el fiscal anticorrupción resultó un corrupto que recibía sobornos de sus investigados y no tuvo ningún inconveniente en reunirse con uno de ellos, exgobernador de Córdoba con 20 cargos encima, en un centro comercial de Miami para recibir la cuota inicial de 10.000 dólares de una coima. Que su esposa saliera corriendo a Bvlgari a comprarse unos aretes y otras cositas brillantes. Y que esta misma dama, capturada en el 2011 en El Dorado con un maletín de doble fondo lleno de coca, hubiera quedado libre por echarle la culpa del alijo a su narcoabuelita, quien no pudo defenderse porque acababa de estirar la pata.

En la misma semana conocemos la historia del secretario de Seguridad de Medellín, que resultó ser el rey de la inseguridad. Se lo acusa de vínculos y tratos con peligrosas bandas delincuenciales del departamento, a las que suministraba información privilegiada y con cuyo apoyo tenía planeado aspirar en las próximas elecciones a la alcaldía de Medellín.

El mismo día supimos que la Procuraduría destituyó a una banda de 14 funcionarios de la Dian que se quedaban con nuestros impuestos. Al día siguiente se confirmó que el director del hospital para pobres La María, en Medellín, especialista en pacientes tuberculosos, con VIH, sida y enfermedades respiratorias, decidió cambiar su vocación para adelantar operaciones estéticas gratis a sus hermanas y mejores amigos. Una de las clientas más aventajadas fue la doctora Laura Marulanda, exauditora general de la Nación, a quien claramente se le nota lo bien que auditaba.

Sí, la misma Laura Marulanda que utilizó el fiscal Montealegre para fregar a la contralora Sandra Morelli y a quien nombró luego en Medellín con un sueldo de 20 millones que no alcanzaron pa’ las puchecas. Y por la tarde fueron capturados 14 policías, en el barrio Las Cruces, dedicados al microtráfico. Y unos días antes se había producido otra noticia inverosímil: la orden de captura contra los jueces y los tres magistrados de las Sala Penal del Tribunal del Meta, por haber montado la compraventa de cualquier decisión judicial, incluyendo casas por cárcel y libertades condicionales. Y ni hablar del funcionario de la OEA capturado cuando vendía cupos de la JEP a tenebrosos paramilitares.

Ante semejante avalancha de desafíos al Código Penal, la semana cerró con una alarmante confesión del Fiscal: el sistema penal acusatorio u oral que se viene aplicando en Colombia está a punto de colapsar.

Y eso sí que resulta sorpresivo, porque cuando los gringos nos lo impusieron a las carreras, la promesa era que sería un sistema veloz, ágil y corto.

Pero no consultaba nuestra mentalidad. La justicia gringa es más pragmática y prefiere la eficacia a la justicia. Nosotros, la justicia a la eficacia. Y a diferencia de EE. UU., aquí no existe ni aun en nuestros días un cuerpo investigador de tal profesionalismo y tecnicidad que sea capaz de poner contra la pared al reo, de manera que no le quede más alternativa que confesar y acogerse a los beneficios, por lo que los juicios se mueven y terminan rápido. Aquí el CTI hace lo que puede, pero está a muchos años de una efectividad semejante. De manera que los reos negocian y se les rebaja sobre nada, como fue evidente en el ‘carrusel’ de la contratación en Bogotá.

Aquí los fiscales tampoco manejan la dictadura del proceso. Por lo tanto, es frecuente ver cómo los abogados los dilatan y dilatan; y siendo el sistema extremadamente formalista, propio de regímenes judiciales más avanzados, hay que soltar a las personas si no fueron cogidas in fraganti o si la policía se demora en los procedimientos de sus capturas.

No tuvimos tiempo de preparar a nuestros jueces, ni fiscales ni abogados para que se lograra lo que se buscaba: que en un 10 por ciento los casos terminaran en juicio y en un 90 por ciento, en preacuerdos o principios de oportunidad. Hoy, esa proporción es casi al revés.

¿Por qué entonces nos aterramos de que haya fiscales anticorrupción corruptos, secretarios de Seguridad inseguros, directores de hospitales públicos generosos con los senos de sus hermanas, policías microtraficantes, ventas de cupos en la JEP y la Rama Judicial de todo un departamento esté presa por haber convertido en caspetes a tribunales y juzgados? Es lo que da la tierra.

Entre tanto... Con tanta corrupción, nos va a tocar a todos practicar el ‘apneísmo’, nuevo deporte para durar sin respirar lo máximo que podamos.

MARÍA ISABEL RUEDA

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