Opinión

¿Faltan 900 caletas?

Delegados de la ONU pensaban que al registrar 7.000 fusiles completaban el inventario. ¡Nanay cucas!

23 de abril 2017 , 04:27 a.m.

Todo me imaginé menos que el presidente Santos terminara revelando que desde hace 6 años él le dijo a Chávez que su revolución bolivariana había fracasado.

Tuvo que ser el secreto mejor guardado de la diplomacia colombo-venezolana, pues ni Chávez se le puso bravo ni Santos salió a ufanarse de su franqueza y ambos siguieron como “mejores nuevos amigos”.

Nos entregamos a ellos. Y por el susto de que algo se desbaratara, pasamos al mutismo total sobre los abusos democráticos, políticos, humanitarios y represivos del régimen de Maduro.

Ahora no sabemos para dónde coger. Porque Maduro tiene que dedicarse los próximos meses a pensar en cómo salvar su pellejo y ya por lo visto no contará con la alcahuetería del Gobierno colombiano, que no sé si por presión de Trump o por reflexiones de tipo moral y ético comprendió por fin que no puede seguir callado. Maduro dispara contra los suyos gases lacrimógenos y balas plásticas, pero tiene la cachaza de decir que a los de las Farc los van a matar en Colombia. ¿Cómo es el orden de sus lealtades?

Estado fallido es a donde pueden conducirnos las directrices venezolanas en cuanto al acuerdo de paz, que Maduro exhibe con orgullo: “La paz en Colombia la hicimos entre Chávez y yo”. Con razón, dirán algunos incautos. Ya hay dos disidencias, de 110 hombres en Guaviare y la ‘Gentil Duarte’, con 50 integrantes en el Meta, que usan explosivos y reclutan menores. ¿Si las Fuerzas Militares de Colombia no emprenden sendas operaciones militares para encontrar estas caletas, qué?

Porque si las Naciones Unidas revelan tan tranquilas que ya casi creen acabada su meta de completar el registro respectivo de cerca de 7.000 fusiles para ser entregados por los guerrilleros de las Farc; y de pronto el ministro de Defensa de Colombia, Luis Carlos Villegas, los sorprende por la televisión denunciando que el Ejército encontró una caleta de las Farc en Puerto Leguízamo con 54 fusiles, 6 ametralladoras, 2 subametralladoras, 3 lanzagranadas, 3 morteros, 15 granadas y 100 kilos de pentolita, va a ser muy difícil creerle a ‘Timochenko’ que “ya casito” se la iban a entregar a la ONU, sino que no han podido por los retrasos del Gobierno. Si el hallazgo fue tan rutinario, ¿por qué no les entregó el Ministro de Defensa el arsenal a las Naciones Unidas, que es la única depositaria oficial de las armas de las Farc? Y no es la única caleta que encontraremos. Porque como esa, según ‘Timochenko’, hay 900 caletas más enterradas por toda Colombia. Los enviados de la ONU se deben estar sintiendo atortolados de descubrir que cuando contaron 7.000 fusiles, a los cuales les levantaron su respectiva ficha técnica, pensaron ingenuamente que hasta allí llegaban, pero estaban apenas comenzando.

Como ciudadana, protesto. Siento que esta entrega de armas o registro, por lo menos, se ha hecho prácticamente a escondidas de la opinión y no como en otras entregas, tipo M-19 o los ‘paras’, cuando uno veía que las armas eran efectivamente depositadas en las manos de alguna autoridad.

Esta nueva conejeada de las Farc coincide con que sus ideólogos ya comenzaron a hacer trabajo político de campo, citando a la fuerza a alcaldes guajiros y de Sucre a pedirles cuentas, a exigirles planes de cogobierno, y hasta a ofrecer financiación internacional para todo eso.

Es decir que hoy, 23 de abril, un grupo de hombres en armas están haciendo política en Colombia bajo el permiso de Santos. Y qué susto que el planeta esté pasando un momento tan pobre en cosecha de líderes. Tuvo que escoger al Presidente de Colombia, que tiene 16 % de aceptación en su país, como uno de los cien líderes más importantes del mundo.

A Juan Manuel Santos le está pasando lo del Nobel: que se lo dieron sin haber hecho la paz. Y ahora lo canonizan como líder en ‘Time’, sin que su liderazgo haya servido para poner este proceso de paz a funcionar con seriedad, porque el 84 % de colombianos no cree en él.

O Santos es muy de buenas, o los colombianos somos muy de malas.

Entre tanto... Si Lizcano, que fue el papá del ‘fast track’, y el ministro Cristo, que fue la mamá, ya no quieren ese mecanismo para tramitar la reforma electoral, es porque el abuso del mecanismo exprés ya es muy descarado.

MARÍA ISABEL RUEDA

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