Opinión

Dos consejos y una ñapa

Dediquémonos a vigilar a sus magistrados para que cumplan con su deber de imparcialidad.

24 de junio 2018 , 12:08 a.m.

Comenzó a gobernar muy rápido el presidente electo. Con modestia y sin triunfalismo, el jueves pasado chuleó el primer encuentro con los cacaos; el saludo protocolario al presidente saliente; la reunión con las ‘ías’; la visita al Palacio de Justicia y el encuentro con las cabezas de las cortes; y hasta tuvo una charla con la presidenta de la JEP ante el estado hibernativo en que entró su ley reglamentaria en el Congreso.

De esa exhaustiva jornada de pregobierno del doctor Duque, yo me voy a atrever a sacar dos humildes consejos que le voy a dar, porque la luna de miel de los nuevos presidentes es corta y hay no solo que actuar rápido, sino no equivocarse tan temprano.

El primer consejo es que ejerza su liderazgo y les ordene a sus bancadas en el Congreso soltar amarras de la JEP y que la dejen volar. Sabemos que en muchos aspectos será un volador sin palo. Así la negociaron. Pero atrasar su entrada en pleno vigor producirá todo lo contrario a lo que se quiere: que cuanto antes, los autores de delitos atroces dejen de caminar por las calles y nadar en isla Margarita y se enfrenten a sus sanciones, a la verdad y a las reparaciones que deben.

En cuanto a su propósito absolutamente justificado de romper la preocupante conexidad que se incluyó en el proceso de paz entre el cultivo de coca y el delito político, que explica en parte la disparada de su siembra, usted sabe perfectamente que hay que hacerla hacia el futuro, y el reglamento de la JEP no es el vehículo apropiado para ello. Que le den sus últimos retoques y la suelten, porque la JEP hace más daño parada que andando. Sus procedimientos son tan enmarañados que será bastante probable que la primera camada de congresistas de las Farc terminen sus próximos cuatro años en el Congreso sin que sus juicios ante la JEP hayan culminado, y, por lo tanto, ejercerán sus cargos políticos tranquilamente, sin haber pagado sus castigos, lo cual a usted preocupa tanto. ¿Para qué desgastarse en algo tan inevitable? Pero, en cambio, mantener presa la JEP en el Congreso no va a evitar que se autorreglamente a su antojo. Y a usted sí podrían culparlo, sin haber empezado si quiera a gobernar en forma, de que ya intentó hacer trizas los acuerdos, cuando eso no es verdad. Todos los cambios a los que usted aspira se pueden hacer con la JEP en vigencia. Dediquémonos a vigilar a sus magistrados para que cumplan con su deber de imparcialidad, proporcionalidad y equilibrio. Y usted, póngase en modo gobierno.

Y ese es el segundo consejo que le voy a dar. Ya tuvo su primer encuentro con las cortes. Y, tal vez para reiterarles cortésmente que no las cerrará para convertirlas en una sola, les hizo una promesa fatal: que la reforma de la justicia que promoverá su gobierno será consensuada con ellas. Mi consejo es que eso no lo vuelva a decir. Pero, sobre todo, ¡que no lo vaya a hacer!

La Constitución no puede ser mirada como un pacto entre poderes sujetos a ella. Es el pacto consensuado del pueblo consigo mismo para darnos las instituciones que considera apropiadas con los objetivos que se plantea. La Constitución se hace para sujetar los poderes, para darles unos cauces, para imprimirles una fisonomía, orientar su acción, delimitar sus facultades y atribuciones. No es concebible que la hagan los poderes que están sujetos a ella, para otorgarse concesiones, prebendas y privilegios.

A los tres intentos de Uribe y los tres de Santos de reformar la justicia los mató precisamente la búsqueda del acuerdo para la satisfacción de las cortes. Los mataron las tentativas de concupiscencias, inspiradas en la satisfacción personal de los magistrados que han llegado a pensar que el Poder Judicial es un botín que se disfruta. A un profesor de derecho al que admiro mucho le escuché la siguiente frase: “La reforma de la justicia que necesita Colombia no debe ser a favor de las cortes, sino en contra de las cortes”. No sé si exagera, pero le dará una pauta de lo correcto.

Recuerde, señor presidente entrante, que durante la negociación de la última reforma de Santos hasta se negociaron con el Congreso edades de retiro forzoso y aumentos de períodos, a cambio de dobles instancias. Eso no podemos volver a permitirlo.

Y si le parece útil, un consejo de ñapa: ojalá logre que el actual gobierno le cuente toda la verdad sobre el estado de las cosas.

Entre tanto. Mi polla: hoy ganará Colombia a Polonia, 2-1.

MARÍA ISABEL RUEDA

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