Opinión

Del afán, el cansancio y algo más

El ministro de Defensa reconoce que el país pasó en 2017 a 180.000 hectáreas sembradas de coca.

17 de junio 2018 , 12:26 a.m.

Para la vidita que como expresidente piensa darse Juan Manuel, dictando jugosas conferencias por el mundo bajo el título honorífico de Nobel de Paz, solo le falta una cosa: dejar al país en paz.

La primera parte la puede explicar. Dejó firmada la paz con las Farc; que dizque no hay impunidad porque en los próximos 15 años (¡¡!!) estarán construyéndose sus procesos ante la JEP para que paguen algún tipo de sanción restrictiva de la libertad por sus crímenes atroces. Y sobre las disidencias, alegará que eso sucede con cualquier organización armada ilegal que acepta desmovilizarse, aunque con la extradición de ‘Santrich’ de pronto tendrá que explicar si quedaron o no vasos comunicantes de la cúpula con el negocio del narcotráfico.

Pero Santos, por el Nobel, también tiene que poder mostrar algo con los ‘elenos’. Cuya mesa de negociación, expulsada de Quito, tuvo que instalarse en La Habana, donde han estado dando vueltas sobre un nuevo cese del fuego de los que le gustan al Eln: temporales y corticos, motivo Navidad o motivo elecciones. Hasta por un bingo.

Lo raro en esta oportunidad es que los negociadores, bajo el mando del exvicepresidente Gustavo Bell, entraron a la negociación parados un escalón más arriba de lo que se hizo con las Farc. Aquí se trata de pactar de una vez por todas el cese del fuego, pero ya no unilateral, como correspondería, sino bilateral, comprometiendo al Estado también a bajar sus armas, aparentemente a cambio de nada.

Muy por debajo de las cifras que tiene el Departamento de Estado gringo, que hablan de desde 220.000 hasta 240.000 hectáreas, el ministro de Defensa reconoce que el país pasó en 2017 a 180.000 hectáreas sembradas de coca. Una cifra que prueba el fracaso de la sustitución voluntaria de los cultivos, particularmente en el Catatumbo, donde no solo no disminuyeron, sino que aumentaron. Y con Tumaco convertido probablemente en el municipio más cocalero del planeta.

Si se pacta con el Eln un cese del fuego bilateral, general Mejía, ¿querrá decir que el Estado no combatirá a los guerrilleros que andan ampliando a sangre y fuego su negocio en santuarios como los ya mencionados, más Putumayo, Tumaco y Chocó, lo cual tiene desatada la violencia en Colombia? El Eln no ha querido comprometerse a dejar de secuestrar, reclutar, narcotraficar o matar. Quienes tienen elementos comparativos de las dos negociaciones insisten en que, a estas alturas, ya era irreversible el compromiso de las Farc con la firma del acuerdo. Los ‘elenos’ nunca se comprometen a nada, se devuelven, se resbalan y se enredan. Y hasta son capaces de devolverse otros 40 años al monte, como me confesó un exnegociador. Y si no hay compromiso en ninguno de estos puntos y el Estado se compromete a no volverlos a hostigar militarmente, ellos estarán tranquilos y felices, prosperando en sus negocios ilegales, y el día que tengamos que confrontarlos ya no serán dos mil, sino diez mil.

Afán es el nombre del juego del Presidente. Cuando les metió afán a las negociaciones con las Farc para que estas se cerraran, así fuera a las patadas, envió una avanzada de sus ministros para que no se le marchitara el Nobel. A este factor yo atribuyo varias cosas que quedaron mal negociadas, como la JEP y el paso directo de la cama al calzón, o del asesinato y del secuestro a la curul del Congreso, sin que medie un lapso para que el exguerrillero cuente la verdad y cumpla con una pena restrictiva de su libertad.

Por eso me preocupa que el afán haya vuelto a aparecer en la mesa de La Habana con el Eln. Nuevamente, el Presidente envió a su cuadrilla de ministros con la orden de pactar un cese del fuego bilateral lo más rápido que se pueda, procurando que quede firmado un cronograma que sea el que encuentre en su escritorio el próximo presidente para que le quede más difícil enderezar el proceso.

Pero, en cambio, el presidente saliente sí podrá acudir a su próxima conferencia internacional contando sus éxitos como pacificador. Que con la mitad de la guerrilla firmó un acuerdo de paz. Y que a la otra mitad la dejó en tregua. Es el último positivo, así sea superficial y precario, que Santos necesita para mostrar el Nobel cuando se vaya.

Si se rompe, como seguramente se romperá porque no tiene cimientos, el expresidente Santos siempre podrá decir desde Europa que es porque él ya se fue y su sucesor no fue capaz.

Entre tanto… Ningún voto por Duque sobra.

MARÍA ISABEL RUEDA

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