Opinión

De la verdad a la posverdad

¿Cuánto tiempo más tomará ubicar y destruir las 900 caletas de las Farc?

07 de mayo 2017 , 03:53 a.m.

En estas eras de verdades y posverdades, la visita del Consejo de Seguridad de la ONU a Colombia resulta un ejemplo perfecto.

Como bienvenida, los esperaba el secuestro de un hombre de la propia ONU por una disidencia de las Farc. Y para el momento de la visita, se habían incumplido muchos compromisos del Gobierno y una inmensa mayoría de acuerdos con las Farc en desarme, el corazón de la desmovilización y la garantía para las víctimas.

En la posverdad, sin embargo, fue unánime el comentario de que en tiempos de conflicto y múltiples tensiones en el mundo “el proceso de Colombia es uno de éxito para la ONU”. Pues claro. Comparado con África, donde opera el tenebroso grupo terrorista Boko Haram, última zona que visitó el Consejo de Seguridad de la ONU, Colombia es el paraíso. Pero para los colombianos, no para la ONU, sigue siendo un problema que las Farc no se desarmen y ya hayan comenzado a hacer política, y que sus líderes anden de arriba para abajo del país, sin justicia.

La visita de la ONU fue medio ridícula. De pasarela. Porque en dos días, los quince embajadores de este Consejo no se pudieron dar cuenta de las frustraciones en las zonas campamentarias y de los compromisos de entrega de armas. Se fueron inexplicablemente tranquilos. Y el presidente del órgano, Elbio Rosseli, nos dejó el siguiente mensaje: “Estos procesos nunca son lineales, sino que tienen altibajos e, incluso, retrocesos”. Y chao.

La verdad es que, según el acuerdo firmado con las Farc, el 1.° de mayo, Día D + 150, debieron estar entregadas a la ONU y almacenadas en contenedores el 100 por ciento de las armas que están el poder de las Farc-Ep. Y que recibida la totalidad de ese armamento el 1.° de mayo, a más tardar el día D + 180, que es el 1.° de junio, “finalizará el proceso de extracción de las armas por parte de Naciones Unidas, que certificará el cumplimiento de este proceso, procediendo a comunicarles al Gobierno Nacional y –subrayo yo– a la opinión pública”.

Pero en la verdad, no en la posverdad, las Farc siguen siendo un grupo armado que ya comenzó a hacer política. ¿Qué tal ‘Iván Márquez’ y los suyos golpeando a las puertas del Capitolio para que los dejaran entrar a organizar una ceremonia, con todas las formas de lucha camufladas en el bolsillo del pantalón?

Como es obvio, se va a incumplir flagrantemente que el pactado “día D + 180 se da por terminado el funcionamiento de esas zonas y el cese del fuego y de hostilidades bilateral y definitivo”, como reza el acuerdo.

El mandato de la ONU que está ceñido, como Colombia lo pidió, al cese del fuego y de hostilidades y dejación de las armas se vence el 1.° de septiembre. Pero esto también podría resultar una posverdad. Porque en el Acuerdo Final hay la posibilidad de que podamos pedirle a la ONU una segunda misión, que ahora será para cogobernar, según me parece, porque “acompañará el proceso de reintegración social, económica y política y de seguridad personal y colectiva” de los desmovilizados. Se podría volver bastante injerencista en los temas internos del país.

La ONU tiene por costumbre llegar de paso en una misión, pero luego se queda. El ejemplo es la oficina del alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, que llegó máximo por 5 años, en 1996, y lleva 21. Sus funcionarios se amañan aquí.

Pero como país que todavía conserva sus instituciones, ya va siendo hora de que Colombia nacionalice su posconflicto. No más extranjeros nombrando jueces. No más extranjeros patrullando territorio. No más extranjeros mamándoles gallo a los plazos del desarme.

¿Cuánto tiempo más tomará ubicar y destruir las 900 caletas de las Farc? ¿Por qué, en las negociaciones, las Farc no contaron que las tenían para haber ajustado los plazos del desarme y que no se volviera un peligroso oso su incumplimiento? Cada vez que el Ministro de Defensa descubre una nueva caleta, las Farc le contestan que “está miando fuera’el tiesto”.

¿Por qué el representante de la ONU, Jean Arnault, jefe verificador de la ONU, no tiene interlocución sino con las Farc? Dónde quedamos los ciudadanos? Necesitamos verdad, no posverdad.

Entre tanto... Primer reto de la JEP: obligar a ‘Santrich’ a confesar que las Farc sí reclutaron menores.

MARÍA ISABEL RUEDA

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