Opinión

Cordial reflexión

El Frente Nacional, senador Robledo, fue un proceso de paz, con sus virtudes y sus fallas.

30 de abril 2017 , 04:13 a.m.

El debate menos efectivo de la brillante carrera del senador Robledo en el Congreso es el que acaba de hacer contra el fiscal Néstor Humberto Martínez por el caso de Odebrecht.

No lo digo solo yo: también el senador Luis Fernando Velasco expresó su sorpresa en el debate por la falta de novedad. El Fiscal le ha contado al país, con los elementos que tiene, todo lo que sabe sobre el caso Odebrecht. Lo mismo, exactamente, que Robledo fue al debate a contarnos a los colombianos. Nada más, pero tampoco nada menos.

Lo que sí resulta un divertimento es que el senador Robledo se refugie en el Frente Nacional para responsabilizarlo de la corrupción del país, pasando muy rápido por encima de su propio partido, el Polo Democrático Alternativo, uno de los culpables históricos de la quiebra de Bogotá, fruto de las malas decisiones, en unos casos, y de la inmensa corrupción en los otros, de sus cuatro alcaldes.

El Frente Nacional, senador Robledo, fue un proceso de paz, con sus virtudes y sus fallas. Nos matábamos entre liberales y conservadores; veníamos del cierre del Congreso en el año 49; no había separación de poderes; hubo un golpe militar.

Pero un arreglo para que los gobiernos del Frente Nacional se robaran el país, eso sí no se pactó en ninguna parte, senador.

Esa paz entre los partidos se acordó primero sobre la base de la paridad en la integración de los gobiernos; más adelante se le añadió el controvertido ingrediente de la alternación durante 16 años. Ella puede haber sido la causa de anidar el clientelismo, pero no era ni muchísimo menos una invitación a la corrupción, y le doy dos pruebas de ello: el Frente Nacional fue pactado entre Alberto Lleras y Laureano Gómez, dos dirigentes que jamás se enriquecieron bajo el amparo del Frente Nacional y murieron pobres. La segunda, se quiso hacer un diseño institucional: Lleras fundó la Esap para, al estilo de la ENA francesa, crear precisamente la carrera administrativa en Colombia.

Obviamente, como proceso de paz, sufrió de distorsiones posteriores. Pero ahí en el escenario ya existían la Anapo, el Partido Comunista, el MRL y hasta el Nuevo Liberalismo, disidencia de Luis Carlos Galán. De manera que decir que el Frente Nacional impidió que hubiera otros partidos distintos al liberal o conservador hasta bien entrados los 90 es una falacia. Y si para existir (porque no estaba prohibido entrar a elecciones) necesitaban burocracia, la historia le queda ‘enmermelada’.

No hay, senador Robledo, que recurrir al Frente Nacional para esconder los estragos del Polo en la corrupción rampante que tiene quebrada a Bogotá. Primero, el Polo puso de alcalde a Lucho Garzón, quien se autodenominaba el gobernante de la ‘socialbacanería’ y cuyo mayor pecado fue dar rienda suelta al clientelismo rampante cuyas venas abiertas venían cerradas de tres alcaldías anteriores, de Jaime Castro, Peñalosa y Mockus. Hasta ahí Bogotá parecía viable.

Llegó el ‘carrusel’ de Samuel Moreno, que todavía tiene a los bogotanos girando sobre caballitos. Bajo su alcaldía no hubo nada, y repito, nada, que no se robaran en Bogotá. Él y su hermano Iván montaron una operación criminal para saquear la ciudad. Y lo lograron. Incluso, tuvieron su capítulo Odebrecht, motivo del debate de Robledo. Llegó Clarita López al timón, con tan mala suerte que todo lo que estaba planeado era tan pérfido que hasta el recaudo del SITP que ella adjudicó estuvo tan pésimamente diseñado, y hoy tiene al sistema de transporte al borde de la quiebra. Ella, como secretaria de Gobierno de Samuel, no vio nada.

Llegó el petrochavismo cabalgando sobre la corrupción de Moreno, aparentando rancho aparte. Una exitosa demagogia sin ninguna capacidad de gestión: ni en salud, ni en movilidad ni en educación. Utilizó a Bogotá para aceitar con burocracia y contratos su aspiración presidencial.

Como es evidente, un partido que puso cuatro alcaldes de Bogotá en línea, y que no solo no puede enorgullecerse de ninguno, sino avergonzarse de todos y asumir la responsabilidad política de la quiebra de esta ciudad, no puede estar refugiándose en el Frente Nacional, y si echamos un poco más atrás, tampoco en Simón Bolívar, para soslayar sus responsabilidades en la quiebra de Bogotá.

Entre tanto... Si la ONU tiene 38 verificaciones en el mundo y la de acá es la que enorgullece a su Consejo de Seguridad, que vacacionará dos días por Colombia, ¿cómo serán las demás?

MARÍA ISABEL RUEDA

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