Opinión

2018: ¿hora de pellizcarnos?

¿Somos tan dependientes de la tecnología que ya no lograremos jamás vivir sin ella?

30 de diciembre 2017 , 11:59 p.m.

La mejor experiencia tecnológica que viví este año fue el carro autónomo en el que me recogió hace un par de meses un amigo en Miami. Sencillamente, lo llamó con su celular, el carro llegó, nos abrió las puertas y arrancó a manejar solo hasta su destino. La peor, haber descubierto esta semana lo que muchos ya sospechaban: que Apple manipula la velocidad de los celulares viejitos para obligarnos a embarcar en el último modelo. Y ahí me llevo una desilusión terrible, porque soy de las del culto a la manzana blanca.

Ambas cosas, la mejor y la peor, auguran, serán parte de la controversia ineludible del 2018: las dimensiones de redención de la humanidad o de su catástrofe, que traerá consigo la revolución de la inteligencia artificial (IA), en lo que están metidos nada menos que Google, Facebook, IBM, y Microsoft, Bloomberg, y que ya tiene profundas divisiones entre los expertos. De un lado, quienes alertan, como Elon Musk, CEO de Tesla (mi carro), sobre los peligros de la IA sin regulación; del otro, los del equipo de Mark Zuckerberg, CEO de Facebook, contra la exageración sobre sus escenarios apocalípticos.

Entre los dos, me quedo con la opinión de Stephen Hawking: “La IA será el evento más importante de la historia de la humanidad. Infortunadamente, también podría ser el último, a menos que aprendamos cómo evitar los riesgos”.

Y estos son infinitos. Desde su uso antiético, por ejemplo para fines bélicos en la lucha por el dominio mundial, hasta el de la singularidad. Lo que sucederá el día en que las máquinas serán capaces de vencer al ser humano cuando puedan tomar, con base en el procesamiento de grandes volúmenes de información, decisiones propias, basadas en la certidumbre, que ya no estarán limitadas por el conocimiento humano. Máquinas que crearán ellas mismas generaciones de sí mismas que superarán el control del ser humano. Actuarán con lógica en una situación, aprenderán de sus aciertos y sus errores, y a partir de ahí se enseñarán solas.

Series de televisión como Black Mirror, o películas como Her, Ex-Machina, no solo son muy entretenidas, sino que nos anticipan lo que ya ni siquiera es futuro. Ya existe Pepper, un robot con inteligencia emocional capaz de saber más que nosotros acerca de cómo somos y qué nos pasa por el alma. Solo necesita mirarnos y oírnos. Es el primer robot con capacidad de entender nuestras emociones. Estarán sentados en un futuro cercano diagnosticando al lado de los siquiatras.

¿Estaremos exagerando quienes pensamos que algún día nos derrotarán? Pues no es sino estudiar la máquina de Google conocida como AlphaGo Zero: sin entrenamiento del ser humano y solo a partir de unas reglas básicas, logró crear por sí misma este año el conocimiento necesario para volverse imbatible en Go, un juego chino muchísimo más complejo que el ajedrez. Si fue capaz de enseñarse sola, ¿no es una inquietante prueba de que las máquinas van rumbo a soltar amarras del ser humano?

Puede que la conciencia no sea codificable, lo cual es hasta hoy el límite de las máquinas, como las conocemos. Pero le quitan a lo humano la esencia excluyente de la inteligencia, y nos arrojan en el oscuro vacío de un Leviatán poshumano en el que todos nuestros actos, sentimientos y hasta pensamientos están siendo recolectados por una centrífuga de datos que nos espía permanentemente, para manipularnos hacia sus metas hasta el fin de nuestras vidas e instalarse en las de las generaciones que dejemos detrás. Las máquinas serán una no-conciencia mucho más inteligente que la humanidad.

Los no catastrofistas creen que los computadores nunca lograrán sobrepasar solo dos umbrales: la creatividad y la innovación, que seguirán perteneciendo al reino de la humanidad. Quién sabe. Si algo es capaz de amenazar ese nuevo mundo, como se nos anuncia, será el libre albedrío del ser humano, y de pronto hasta para crear e innovar tendremos encima una dictadura algorítmica.

Pero si quieren, no vayamos tan hacia delante. Sentémonos este 31 de diciembre a reflexionar sobre algo tan sencillo como lo siguiente. ¿Acaso no somos hoy, el último día del 2017, tan supremamente dependientes de la tecnología que ya no lograremos jamás vivir sin ella? Si la respuesta es sí, pellizquémonos. Y si quieren, asustémonos. Por lo menos ya tenemos a Pepper, para que nos recete un tranquilizante urgente.

Que el 2018 los llene de serenidad y tranquilidad.

María Isabel Rueda

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA