Opinión

Ocho décadas sin García Lorca

Hoy recordamos a este gran poeta español como símbolo de los verdaderos efectos de una guerra civil.

16 de agosto 2016 , 06:51 p.m.

Dicen que sabía que lo iban a matar. Dicen que se quedó en Granada escribiendo versos, esperando lo inevitable. Federico García Lorca cayó con un golpe seco en el suelo en la madrugada del 18 de agosto de 1936, hace 80 años. La España que lo vio morir entraba en una sangrienta guerra civil que quebró en mil trozos el espíritu de esa nación brusca y violenta. Todo era muerte, todo bombardeos, todo era hambre y desesperación.

La voz de Lorca ‒al igual que la de Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, María Zambrano, Max Aub y un largo etcétera‒ fue silenciada por un militar sediento de poder y displicente de expresiones artísticas que no pusieran al generalísimo en un podio estelar.

Hoy recordamos a este gran poeta español como símbolo de los verdaderos efectos de una guerra civil. Hoy vemos en nuestra propia Colombia las fracturas en el alma artística y la persecución a aquellos que discrepan de la guerra. Escritores, dramaturgos, músicos, todos los que han buscado un canal de libre expresión han optado por el silencio o el exilio. Ahora que llegamos al final de un conflicto armado brutal debemos remendar esas heridas abiertas, garantizar y promover una expresión artística sin ataduras y el regreso de los cientos de cerebros fugados que hoy contribuyen al desarrollo artístico e intelectual de otras naciones.

No podemos permitir que se repita la historia de la violencia contra el arte en nuestro país, como lo vivió España desde ese amargo año en que cayó Lorca al suelo, muerto por balas de militares afines a Francisco Franco. No podemos permitir que se vuelva a un conflicto armado que ha anulado las clases de historia, que cierra orquestas filarmónicas, que reduce al mínimo la financiación de nuestros pintores y escultores, que lo reduce todo a una oda a la supremacía militar.

Los esfuerzos de Juan Manuel Santos por acabar con el conflicto armado serán el inicio de un proceso de sanación que beneficiará a nuestros escritores y periodistas, librándolos del pavor de discrepar o cuestionar a través de sus textos.

La conmemoración del vil asesinato del gran poeta granadino este 18 de agosto es también un llamado a aquellos que desconocen los verdaderos efectos de una guerra civil. Es un llamado a que acojamos la paz y la reconciliación a fin de avanzar como nación y de proteger a nuestros poetas ‒los más vulnerables pero también los más esenciales‒ para mantener vivo nuestro espíritu y nuestra identidad. Es hora de que en Colombia dejemos de enaltecer a hombres que, como Franco, quieren hundirnos en un mar de sangre y que empecemos a buscar líderes que apunten al bienestar de los más débiles y a la reconstrucción física y espiritual de Colombia. Si no, la muerte de Lorca habrá sido en vano no solo para España, sino para los que, mal que bien, hemos creado nuestras naciones bajo su sombra. Si perpetuamos la guerra, repetiremos hasta el infinito el macabro acto de asesinar a los artistas y lanzarlos a una fosa para que jamás sean hallados.


María Antonia García de la Torre
@caidadelatorre

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