Opinión

Hasta siempre, Óscar

Que sea este triste aniversario de su muerte un motivo para releer sus columnas y novelas.

27 de mayo 2017 , 12:00 a.m.

Hace dos años cerró sus ojos y partió. Pero no se fue sin despedirse, sin ese esperanzador “hasta siempre”, que intenta perpetuar los afectos a través del recuerdo. Que intenta revivir las experiencias vividas más allá de la muerte. Óscar Collazos murió un 16 de mayo en la unidad de “chismes intensivos”, como la bautizó él mismo, de la Clínica Cardioinfantil de Bogotá.

Hace más de 15 años lo conocí en Cartagena y solo me dirigió la palabra porque reconoció en mis rasgos a una mujer que quiso –sin ser correspondido– décadas atrás: mi madre. Esa curiosa coincidencia derivó en una animada conversación en una librería del centro histórico del Corralito de Piedra. Allí nació una amistad nutrida de amenas conversaciones en su apartamento de Crespo, donde solía instalarse en la cocina y cocinar mientras intercambiaba impresiones sobre una novela o un tema que le interesaba para su columna de opinión de EL TIEMPO.

Recuerdo una tarde en que preparó espaguetis con langostinos y al saber que me estaba hospedando en un hotel de mala muerte, me ofreció su apartamento durante dos semanas mientras iba a visitar a su hija a Inglaterra. Me conocía de pocas semanas y aun así me acogió como si me conociera de toda la vida.

Unos meses después volví a Bogotá y mantuvimos la amistad por vía epistolar donde él me aconsejaba cuál era el mejor camino por seguir en el intrincado mundo del periodismo colombiano. Seguí sus columnas con interés y siempre me impresionó su capacidad para reaccionar en caliente frente a eventos que habían ocurrido uno o dos días atrás. Y cómo siempre escribía con su característico tono cálido sin perder la contundencia de sus argumentos.

Generoso hasta el final, y poco amigo de los dramatismos, Óscar Collazos compartió sus pensamientos hasta el último día de vida por una cuenta de Twitter que todavía cuenta con más de 15.000 seguidores. Los mensajes finales dan fe de una mente lúcida y jocosa hasta el último momento, donde se queja por perderse las fiestas –debido a su enfermedad– y comentando la poco climática experiencia de ser bañado por una enfermera en lugar de una bella mujer.

Que sea este triste aniversario motivo para releer sus columnas y para recordar 'Rencor', esa novela donde denuncia el maltrato a la mujer y la prostitución infantil en Cartagena de Indias. Que sus palabras resuenen y se perpetúen más allá de su vida. Y que cada año lo recordemos con la alegría de saber que pasó por este mundo sin penas y con muchas glorias. Hasta siempre, querido Óscar Collazos.

MARÍA ANTONIA GARCÍA DE LA TORRE

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