Opinión

Lo cursi

El delito de lo cursi está en lo pretencioso que es. Tal vez la manera de conjurarlo sea reconocerlo

03 de agosto 2017 , 12:00 a.m.

Los colombianos somos un pueblo terriblemente cursi, de otra manera aquí no tendrían éxito las telenovelas, las baladas, los caudillos, los reinados ni los discursos políticos. La cursilería sería entonces una especie de pecado contra la verdad y el equilibrio propios del arte y la belleza, partiendo de que lo cursi es necesariamente postizo.

Cuando una sociedad no ha traspasado el nivel estético de la cursilería, esta se manifiesta en todas las expresiones de la gente; formas de hablar, de comportarse, de vestirse o de pensarse a sí misma, siendo las artes las que más sufren, pues son las embajadoras de lo que pasa culturalmente con esa sociedad. Si ella es cursi, vibrará con estilos artísticos que también lo serán precisamente por su altiva pretensión de tener el rango de las obras de arte.

¿Qué es cursi? Entre muchos ejemplos, podría ser la impostación de una emoción o de una intención que quiere ser exhibida como genuina, como ocurre en las malas escenas dramáticas. La sobreactuación, el subrayar lo obvio, como hacemos a veces los actores creyendo que para decir “te odio” (ya es cursi decirlo) hay que reteñir haciendo cara de odio, o la que creemos que lo representa. 

La solemnidad es, de por sí, cursi porque en su fondo hay arrogancia y un tomarse en serio aquello de creernos importantes

Son cursis los lugares comunes, las frases aprendidas y efectistas supuestamente bellas y los sentidos poemas que en un peligroso rapto de inspiración les hacemos a nuestras madres y a la tierra en que nacimos. Es cursi la aparatosidad de los himnos, de los homenajes, la gravedad de los sujetos del poder con su tono profético y también, la solemnidad de los compositores de canciones que, arriesgando como suicidas su capital poético, escriben sobre temas irredimibles como la menstruación (busquen 'De vez en mes', de Arjona), la masturbación o el pene (de Romeo Santos y Julio Iglesias), esta última titulada 'El amigo', sin duda uno de los más brutales monumentos a lo cursi.

La solemnidad es, de por sí, cursi porque en su fondo hay arrogancia y un tomarse en serio aquello de creernos importantes. Lo cursi también está en la falsa apariencia de calidad, como les pasa a los que hablan o escriben con un estilo engolado cuando el mensaje es pobre y quieren sonar inteligentes.

El delito de lo cursi está en lo pretencioso que es, y tal vez la mejor manera de conjurarlo sea reconocerlo, como hace el arte kitsch, que, retando el buen gusto, parece decirle “sí, soy cursi, y qué”.

MARGARITA ROSA DE FRANCISCO

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