Opinión

Debatir

Debatir es un arte que requiere talento como pasa con las demás expresiones estéticas.

07 de junio 2018 , 12:00 a.m.

Para que un debate tenga buena carne, quienes intervengan en él deben conocer su tema profundamente. También, estar convencidos hasta la médula de que su punto de vista es válido, para así agotar todos los recursos posibles de su bagaje académico e intelectual en ese ejercicio tan ambicioso que es apoyar ideas con solidez y controvertir opositores con argumentos serios.

Cuando veo a un grupo de personas discutir bajo esas condiciones me da tanto gusto como asistir a una gran obra de teatro o a un partido de fútbol con jugadores maestros. Debatir es un arte que requiere talento como pasa con las demás expresiones estéticas. Este, en particular, precisa de un uso correcto del lenguaje, de fluidez verbal y sintáctica, de ritmo y de esa serenidad que se apodera de la persona que confía más en la fuerza de sus planteamientos que en el volumen de su voz. Un debate puede ser apasionado, pero pierde encanto cuando se torna ofensivo y se menosprecian los conceptos del otro. Para debatir con altura, fuera de la inteligencia asociada con el agudo razonamiento, pueda ser que su sello de excelencia se lo ponga la inteligencia emocional de los expositores; sin ese acompañamiento no hay erudito que se sostenga como un pensador confiable.

En un buen debate el arte de sus panelistas termina seduciendo. Es emocionante esperar la respuesta del siguiente participante a alguna brillante exposición del anterior. Entonces, concluyo que el sentido que tiene debatir es que su dialéctica no termine nunca. La riqueza y, por qué no, la belleza del debate están en su continua progresión, en su constante generación de interrogantes.

En un buen debate el arte de sus panelistas termina seduciendo. Es emocionante esperar la respuesta del siguiente participante a alguna brillante exposición del anterior.

Quizás en Colombia estamos muy inmaduros culturalmente para lograr que el debate público sobre los temas que nos preocupan logre un nivel tan respetable, porque, primero, creemos que la verdad existe y que esta debe ser absoluta y concluyente, y segundo, se la aplicamos con un lenguaje salvaje a temas que no dominamos.

Nutrimos nuestro material de discusión con chismes superficiales de las redes y nuestro material emocional con un miedo visceral que nos excede y que sale en forma de rabia.

En cuanto al debate político en Colombia, resulta frustrante por lo comprometido que está con su pasado de dolor y de violencia. Se necesita de mucha grandeza para que como pueblo consigamos debatir en paz con una herida abierta que no cesa de sangrar.

MARGARITA ROSA DE FRANCISCO

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